Si fuera Beni

Volver a ver una película años después puede revelar detalles que antes pasaron desapercibidos. Eso ocurrió con “La momia”, una historia que, más allá de la aventura, deja reflexiones sobre la ambición, la obsesión y la naturaleza humana

  • Actualizado: 25 de mayo de 2026 a las 00:00 -

Hace mucho tiempo que no veía la versión de The Mummy de Brendan Fraser, y como a menudo nos pasa cuando volvemos a ver una película, leer un libro o, incluso, escuchar una canción, noté cosas totalmente nuevas para mí, cosas que hace 27 años ni vi. ¿Si le pasa?, esa película que vio hace ya tanto tiempo, el libro que leyó en una época ya tan lejana, la canción que escuchó mientras crecía son exactamente los mismos, pero usted definitivamente no lo es.

Una de las primeras cosas que me quedé analizando al apagar el televisor fue la actitud tan irreverente y altanera, ¿podría decirse?, de Imhotep (la momia). Y cómo su obsesión le costó tan caro, aunque esto último lo vemos hasta la segunda parte.

Tampoco había reparado en el espíritu aventurero del personaje de Fraser, espíritu que le llevó a encontrar uno de los más grandes tesoros que se pueden hallar, aun cuando él no buscaba eso.

Noté el desprecio con el que el “grupo contrario”, de O’Connel, trataba a Eve por el hecho de ser mujer y cómo, sin embargo, era ella quien más sabía sobre el lugar donde se encontraban. Al ser toda una bibliotecaria, como ella misma se hacía llamar, había leído todos los libros habidos y por haber acerca del tema, esto fue literalmente su salvación. Y la de sus aliados.

Lo cómico del personaje de John Hannah y lo importante que fue su sentido del humor para que tanto él como el resto de su grupo soportasen lo que se les vino encima.

Lo bella que era Ank-Su-Namun y la manera tan sabia en la que utilizaba este recurso para su propio beneficio. Por cierto, que (y esto si lo noté la primera vez) me parecen extraordinarias las oportunidades que los artistas latinoamericanos se forjan en Hollywood. Da gusto ver a esta actriz venezolana en escena durante esta gran producción.

Pero quien verdaderamente se lleva los aplausos al mismo tiempo que los abucheos es el tremendo personaje de Kevin J. O'Connor: Beni. Y es que es el típico personaje que hace cualquier cosa, con tal de que eso le convenga; los otros le importan un pepino. Y claro, esa actitud fue precisamente su perdición.

En una de las últimas escenas de la película, Beni logra sacar con muchísimo esfuerzo una gran cantidad de piedras preciosas, lingotes de oro, collares valiosísimos y demás del templo allanado. Es decir, tiene suficiente para vivir dos vidas si fuera necesario, como un hombre rico. Pero mira para atrás (como la esposa de Lot) y piensa en regresar porque allá adentro hay mucha más riqueza que puede sacar.

Total, que en este precioso guion nos podemos encontrar todos; los obsesionados, los ingratos, los aventureros, los aprovechados, los divertidos, los sabios, los menos listos, los avaros...

Porque, a ver, es muy fácil para todos decir que si estuviéramos “en los zapatos” de Beni nos conformaríamos con el primer lote del tesoro y huiríamos lo más rápido posible de aquel peligro con nuestra “pequeña” fortuna. Pero la verdad es que tendríamos que estar verdaderamente ahí -y en esa situación- para saber cómo actuaríamos. ¿Qué haría usted si estuviera en el lugar de Beni?

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