Un día como hoy hace cuarenta años, el 11 de enero del año 1982, se aprobó el decreto 131 que le dio vida jurídica a nuestra vigente Constitución Política. Los diputados a la Asamblea Nacional Constituyente de aquel entonces elaboraron y aprobaron el texto contentivo del gran contrato social de la colectividad hondureña. Es así que por cuatro décadas la Carta Magna ha ganado importantes victorias, pero también ha sufrido caídas dolorosas, ha sostenido el cuerpo jurídico de la nación, pero de igual manera ha sido traicionada por desleales que odian la patria y se volvieron disidentes del Estado de Derecho.

El estudio de su parte orgánica como dogmática nos muestra las grandes aspiraciones y anhelos de la sociedad hondureña que en ese momento históricose liberaba de la retrograda y oscura época de las dictaduras militares de los años setenta. El transitar ha sido duro, pues en el desierto de estas cuatro décadas la carta magna se ha encontrado con escorpiones y serpientes que han punzado los pies descalzos, el sol flamígero ha sido extenuante a tal extremo de hacer moribunda la Constitución amenazando que llegue a la tierra prometida del establecimiento de un efectivo Estado donde se respete la ley.

El neoconstitucionalismo por antonomasia aludió a una nueva visión del Estado de derecho, cuya característica primordial es la primacía de la constitución sobre las demás normas jurídicas encontrando, pues, que la Carta Magna aluda necesariamente a la omnipresencia del derecho constitucional, y en ello nuestra señora cuadragenaria ha hecho su loable labor.

Pero la sociedad hondureña del siglo XXI puede preguntarse sobre la conveniencia de pactar un nuevo acuerdo social que extienda los derechos humanos, proteja con mayor fuerza los derechos individuales y les dé certeza a las garantías, estableciendo novedosa plataforma educativa, económica y social que permita que el país regrese a un verdadero Estado de Derecho. Mientras tanto señora nuestra: póngale vida a sus años, castigue a sus traidores y renueve sus fuerzas con la justicia como estandarte.