“Volveré”, dijo el general Douglas MacArthur cuando salió contra su voluntad de Filipinas, en ese tiempo colonia norteamericana, después de haber fungido eficazmente como jefe del Estado Mayor del Ejército. Dos años después cumplió su promesa al regresar victorioso para expulsar a las fuerzas imperiales japonesas que ocupaban el país insular en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

MacArthur fue un héroe incómodo para Estados Unidos, que terminó su carrera destituido por insubordinación al presidente Franklin D. Roosevelt. Era como Napoleón Bonaparte, odiado o amado, criticado o alabado, pero siempre fue, como le gustaba ser, el centro de atención del universo.

No trato de establecer un parangón entre el hecho histórico referido y el retorno a Honduras del general Ramón Sabillón Pineda después de cinco años de ausencia obligada, porque ambos acontecimientos se dieron en épocas y circunstancias distintas. Pero , me llegó a la mente la célebre exclamación del general norteamericano cuando vi al hondureño besar el suelo de su patria tras arribar al aeropuerto sampedrano ocultando con su mascarilla una barba quijotesca cultivada en el duro exilio. El exjefe de la Policía fue suspendido de su cargo a solicitud de la Comisión de Depuración de esa institución en 2016, y al no asignársele otras funciones tuvo que irse al exilio por temor a ser ultimado.

Sabillón fue separado luego de ordenar una operación encubierta que dio con la captura del cartel de los Valle Valle en el occidente de Honduras, lo cual generó conjeturas de todo tipo. Se dijo, entre tantas cosas, que fue purgado por haber hecho capturas que no estaban autorizadas por el presidente Juan Orlando Hernández. Antes de partir, Sabillón denunció ante medios de comunicación y Derechos Humanos que estaba siendo amenazado de muerte.

A pocos días para que expire el mandato nacionalista está de regreso en el país por gestiones de la presidente electa Xiomara Castro, quien le ha propuesto el cargo de ministro de Seguridad que, tradicionalmente, lo han ostentado militares en el país. Esto ha creado expectativas entre la ciudadanía que acaricia la esperanza de volver a respirar aires de tranquilidad dada la experiencia y capacidad del retornado en el combate a la delincuencia común y el crimen organizado. Considero que para cumplir eficientemente con las responsabilidades inherentes al alto cargo asignado, Sabillón debería comenzar por ordenar una auténtica depuración y transformación de la Policía en forma directa, no mediante comisiones de investigación que no pasan de ser meros espectáculos mediáticos. Como decía Napoleón Bonaparte, si quieres que algo se demore eternamente sin ningún resultado, crea una comisión de investigación. Prueba de lo acertado en esta cita histórica es la creación de las diferentes juntas interventoras en varias instituciones del Estado, las cuales no han hecho más que contribuir a consumir el presupuesto de la nación. La preparación ética y profesional de los elementos que queden después de la depuración, desde los agentes que se baten en las calles con la muerte, hasta los oficiales de alto rango, debe ser otra de las medidas a ejecutar en la agenda del nuevo secretario de Seguridad.