Después de las elecciones generales de noviembre de 2021 parece que nos encontramos en un estado de euforia, de enormes expectativas y de mucho interés de la población en ser partícipes de los grandes cambios que anhelamos.

No es para menos, después de los resultados obtenidos, en los que se logró reducir el abstencionismo y llevar a la presidencia, por primera vez a una mujer, a doña Xiomara Castro de Zelaya.

Es bueno que haya ilusión por esta nueva etapa que está por comenzar, pero también es importante acompañarla de prudencia para comprender que además de voluntad se requiere de decisiones y acciones que pueden tomar tiempo.

El nuevo Gobierno deberá hacer una evaluación objetiva sobre aquello en lo que sí hubo avance y todo lo que hay que reconstruir, rescatar y hacer. ¿Qué parámetros utilizar? La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por la Organización de las Naciones Unidas ofrecen una hoja de ruta para conocer con mayor propiedad qué sí y qué no estamos haciendo bien.

Es bueno soñar con un país más inclusivo, sin dejar a nadie por fuera, porque después de todo, los grandes proyectos son primero grandes sueños; pero también es indispensable comprender que siempre habrá una curva de aprendizaje, una etapa de diagnóstico y limitaciones con las que hay que lidiar.

De manera especial, hay que comprender que Honduras no es una sola realidad, sino un cúmulo de ellas que necesitan respuestas adaptadas a cada circunstancia. Las medidas generales suelen dejar por fuera esas especificidades; por lo tanto, habrá que reconocer esas disparidades en las decisiones que nos afectan a todos. Solo en Educación, habrá que replantearse el regreso a las aulas, luego de un período en el que las desigualdades se han marcado con mayor fuerza. No es lo mismo la escuela rural, que la escuela urbana; no son las mismas condiciones las de centros educativos dañados que anteriormente albergaban a miles de estudiantes, a las de las escuelas de tierra adentro, muchas veces unidocentes.

Cada realidad es distinta y merece un análisis y acciones diferenciadas, aunque todas partan de la misma necesidad: es urgente recuperar la educación en Honduras, porque sin ella estamos condenados al subdesarrollo, a alimentar la miseria y el deseo de emigrar.

Unos tendrán como punto de partida la reconstrucción física de los centros educativos, muchos de ellos carentes de las condiciones de higiene más básicas; otros requerirán estrategias un peldaño más arriba, pero en cada caso es indispensable un diagnóstico completo y la participación de actores locales.

Honduras no es una sola, es un país dividido por las grandes desigualdades socioeconómicas, por ello la búsqueda de soluciones a los grandes problemas que tenemos no puede ser vista desde una sola óptica, sino desde diversas perspectivas.

La mejor manera de visualizar los grandes desafíos por delante es hacerlos desde el desarrollo sostenible, que puede ayudar a reducir sesgos de percepción y a cambio ofrece objetivos bien definidos, medibles a través del tiempo. La Organización de las Naciones Unidas ha ofrecido desde ya el acompañamiento necesario al nuevo Gobierno, ojalá hagan equipo, por el bien de Honduras y de quienes somos parte de ella.

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