La legitimidad de un presidente es tan importante como su elección. Esta legitimidad viene derivada de un proceso electoral correcto, pero también depende del respaldo electoral que el presidente reciba en las urnas. La pluralidad política representada en la diversidad de partidos políticos y las distintas ofertas electorales harán que cada vez sea menor el porcentaje con que un candidato acceda a la presidencia, un síntoma de la propensión a debilitarse de los partidos tradicionales y del variado menú de ofertas políticas presentes en el electorado.
La democracia si bien se ve beneficiada por esta pluralidad también se encuentra debilitada por otro lado cuando, la legitimidad de una elección se hace depender de porcentajes tan bajos que dan como resultado presidentes electos por el margen de error. Este porcentaje tan bajo de aprobación no solo causa una falta de legitimidad que tarde o temprano se expresa, sino también una marcada dificultad para la gobernabilidad como efecto de la presencia de una diversidad de fuerzas políticas. En este contexto, tanto como mecanismo para fortalecer la democracia como también como medio de darle mayor legitimidad a una elección presidencial, es necesario que el sistema se plantee como sucede en la mayoría de países latinoamericanos, una segunda vuelta electoral, donde esta legitimidad se consolide y la decisión del electorado se concrete bajo una segunda oportunidad de elección.
La mayoría de países latinoamericanos tienen contemplada esta opción política en un mundo cada vez más cambiante y propenso a la uniformidad. Esta segunda vuelta se presenta como necesaria no solamente como los mecanismos de legitimidad y consolidación de la democracia, sino también como ingrediente de estabilidad política y transparencia en el proceso, ya que por un lado permite que cualquier trauma en la elección se dilucide en una segunda oportunidad para el elector y también como factor que atenúa el fraude y baje el sentimiento de fraude que puede acompañar una elección y que es una sombra que complica de muchas maneras la gobernabilidad futura. Ante un panorama electoral en que ninguno de los candidatos parece tener la aceptación mayoritaria de la población se viene conveniente y necesaria esta segunda vuelta electoral que, permita con un espacio mayor de tiempo, madurar una decisión en el electorado que otorgue suficiente legitimidad a un presidente.
Establecer un porcentaje suficiente como requisito para acceder a la presidencia es necesario, no se trata del 51% solamente, si no de que el presidente tenga el suficiente caudal electoral que le permita recibir el respaldo popular que una vez se manifestó en las urnas, se trata de fortalecer la democracia respetando la decisión final y mayoritaria del electorado. Un sistema democrático cuyos resultados son siempre producto del margen de error tarde o temprano tenderá a hacer aguas, dejando sin legitimidad una elección que de por sí ya es marcada con denuncias de fraude, añadiendo un elemento de inestabilidad social y política que, perfectamente podría ser atenuado con una segunda vuelta electoral.
