El punto de inflexión de Roatán, que hasta los años ochenta vivía casi exclusivamente de la pesca artesanal y contaba con una capacidad turística reducida, fue la elaboración de un plan maestro de desarrollo con cooperación internacional enfocado fundamentalmente en el aeropuerto, la red vial y el saneamiento.
El éxito de ese plan de desarrollo radicó en que existió continuidad en la ejecución a lo largo del tiempo.Durante el gobierno del presidente José Azcona del Hoyo se lograron avances fundamentales, como la construcción de la pista pavimentada del aeropuerto y el desarrollo de una parte sustancial de la red vial. Posteriormente, bajo la administración del presidente Rafael Leonardo Callejas, se construyó la terminal del aeropuerto, se completó la expansión de las carreteras y se inició el trabajo del sistema de saneamiento.
Finalmente, el gobierno del doctor Carlos Roberto Reina culminó el sistema de saneamiento, dejó encaminadas varias de las acciones necesarias para el desarrollo posterior.A este esfuerzo debe sumarse la decisión de dotar a la isla, desde finales de los ochenta, de un buen nivel de comunicaciones, incluyendo una planta telefónica con capacidad internacional. Este elemento fue clave para atraer inversión, facilitar la operación turística y conectar a Roatán con los mercados externos.
El desarrollo de Roatán demuestra que sí existió un esfuerzo enfocado, sostenido y coherente, que a lo largo de varias décadas permitió transformar una economía insular limitada en un polo importante de desarrollo para el país.Las lecciones de esta experiencia son claras. Primero: los proyectos aislados que no forman parte de un plan integral difícilmente logran detonar una espiral de desarrollo sostenible.
Segundo: este tipo de procesos requiere un compromiso real entre la comunidad local y los Gobiernos -independientemente del color político- para dar continuidad a una visión de largo plazo. Sin esa continuidad, incluso los mejores planes quedan inconclusos; con ella, es posible llegar a un destino exitoso.