Sea doña Xiomara Castro o don Nasry Asfura, quien haya de ser elegida/o como nuevo presidente de la república, los hondureños esperan que se restablezca el Estado de Derecho. Habrá terminado un doble periodo nefasto, para el olvido donde se mancilló el honor de la patria en las cortes internacionales, un periodo de traición profunda al estamento jurídico a través de una reelección prohibida e ilegal.

Todo se construye o se derriba por la calidad de liderazgo y en ello andamos más perdidos que un oso polar en el desierto del Sahara, los niveles de pobreza son brutales derivados de una espantosa corrupción gubernamental que ha hipotecado el futuro de la nación y de nuestras generaciones.

Honduras no merece ni debe seguir en la misma senda de oscuridad, no debemos admitir que la nueva/o presidente consienta con desfalcos millonarios al Instituto de Seguridad Social, que la nueva mandataria/o se alíe en compras de latas móviles que drenan el erario, no debe permitirse que la nueva/o gobernante violente la Constitución de la república vendiendo a pedazos el territorio nacional con las zede.

Como dice el presidente salvadoreño, “el dinero alcanza cuando nadie roba” (sea simple retórica fachada o real en el país vecino) la frase como tal encierra una verdad absoluta e incontrastable que debería ser un modelo de conducta para la persona que ocupe la silla presidencial a partir del mes de enero.

La política importa, de hecho, todos vivimos de la política, lo admitamos o no, cada vez que usted compra los alimentos caros en el mercado, o combustible costoso en la estación, o no encuentra medicinas en el hospital, o se siente inseguro en las calles, o no encuentra trabajo para la manutención familiar: todo ello es consecuencia directa de las políticas públicas fallidas de un gobierno que ha fracasado.

Salga a votar y a elegir de manera masiva en esta próxima elección, no venda su dignidad por lentejas, tome responsabilidad para que un nuevo mañana alumbre y disipe las oscuridades en las que ahora estamos.