24/10/2026
12:03 PM

Los problemas de La Ceiba (1)

“La Ceiba tiene un problema de liquidez global, lo que ha provocado una caída de la capacidad de compra de sus habitantes”.

Juan Ramón Martínez

Me gusta mucho la dinámica de Tito Cardona para cumplir las órdenes y los deseos de JOH. Es hábil, mediático, habla muy bien y —en algunos casos— dice cosas interesantes. La Fuerza de Tarea —palabra militar que los estadounidenses pusieron de moda en los ochenta del siglo pasado y que Cardona intenta reciclar, no sé con que intenciones — tiene el valor de mostrar que para el Gobierno de la República, la situación de La Ceiba es preocupante por un lado; y por la otro, que están interesados en buscarle solución.

Pero no solo basta hablar como Cardona, más para los periódicos que para resolver el problema que angustia a los ceibeños. Porque para enfrentar un problema, hay que conocer su naturaleza —algunos teóricos dialécticos, hablan de dividirlo en varias partes para atenderlo en forma parcial, pero ordenada—, identificar sus causas, saber la velocidad del deterioro y aplicar las medidas que lo frenen primero y, después, lo superen. Cardona, obligado por lo que es moda en estos tiempos mediáticos, hace acto de presencia en el terreno, habla torrencialmente mostrando el interés del gobernante y presenta, como característica, una futura acción conjunta de los actores gubernamentales para resolver la crisis económica que vive La Ceiba. Pero no deja hablar a los ceibeños.

Por eso, me permito –—con el mayor respeto porque conozco la sensibilidad de algunos funcionarios públicos del nivel de Cardona, en que la humildad, sin que intervenga su voluntad o lo frenen las enseñanzas de Emilio Santamaria, ha dejado de ser una virtud de su comportamiento— llamarle la atención sobre la naturaleza del problema. Para lo cual hay que utilizar los antecedentes históricos de la ciudad, el proceso en el cual se desarrolló e incluso sin el apoyo monumental de la Standard. Y la forma como se hizo posible. Por supuesto, este ejercicio le llevará a descubrimientos inesperados. Para lograrlo, el camino no solo es reunir a los “ministros” que normalmente no entienden mucho de los problemas y menos las causas que los provocan. Claro, esto no es fácil. Especialmente por el populismo que vuelve gigantes las competencias gubernamentales y menosprecia las contribuciones para la modificación de la realidad de los ciudadanos, comunes y corrientes, especialmente aquellos que no tienen como virtud cardinal, emplearse en las casillas presupuestarias.


La Ceiba tiene un problema de liquidez global. Los ingresos han disminuido exponencialmente, lo que ha provocado una caída de la capacidad de compra de sus habitantes. Y por el problema de la inseguridad, la disminución de la inyección de dinero de actividades informales, algunas ilegales, la reducción del turismo, los hoteles están semi vacíos. Los restaurantes no tienen suficientes clientes y el comercio ha disminuido sus ventas. Al final, sube el desempleo. Si esta es la realidad, hay que buscar una solución competente. Cosa que no se puede hacer, formalmente, de la noche a la mañana. Inyectar dinero público convirtiendo a los ceibeños en pedigüeños de manos extendidas, no es solución.

Allí lo que se necesita es una corriente financiera —que sustituya la que aportaba el narcotráfico por ejemplo— así como medidas legales de aplicación inmediata que movilicen a la empresa privada a la explotación de rubros complementarios al turismo. Volver barato viajar a La Ceiba por avión, rebajando los costos de operación a las aeronaves —municipalizando alguna partes aeroportuarias— y establecer estrategias para renovar el turismo de las Islas de la Bahía, Miami y Gran Caimán hacia La Ceiba, orientando hacia el turismo natural, puede palear el problema. Y por qué no, pensando en grande, volver a La Ceiba una “ciudad libre” para que todos vayamos a pasar un fin de semana y comprar, sin pagar impuestos, productos estadounidenses; eso puede convertir a la “novia de Honduras en un foro de atracción de la inversión”.

Además, hay que suprimir leyes que se convierten en obstáculos para la inversión en nuevos rubros. Y, desde luego, oyendo primero a los ceibeños antes que a los funcionarios. Ellos sí saben dónde les aprieta el zapato. Y cómo quitárselo de los pies. ¡Escuchémoslos!