Palabras que sostienen

Cuando animamos a los demás, podemos cambiar un momento humillante en una experiencia de dignidad y valor.

  • Actualizado: 28 de marzo de 2026 a las 01:41 -

Se dice que Eric “la anguila” Moussambani, de Guinea Ecuatorial, fue un héroe insólito de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. El nadador africano había aprendido a nadar apenas unos meses antes de su participación en ese evento. Su preparación fue muy limitada, ya que solo practicó en la playa y en la piscina de un hotel, cuyas dimensiones eran mucho menores que las de una piscina olímpica.

Ingresó a los cien metros estilo libre por invitación del Comité Olímpico Internacional, bajo un programa especial que permite que las naciones más pobres participen, aunque sus atletas no cumplan con las normas tradicionales. Cuando a los otros dos nadadores en su eliminatoria los descalificaron por salidas en falso, Moussambani se vio obligado a nadar solo.

Eric Moussambani era, usando las palabras de un artículo de la Associated Press acerca de su participación, “encantadoramente inepto” para este tipo de competencias de alto nivel. No metía la cabeza bajo la superficie del agua y se debatía desordenadamente por mantenerse a flote. Prácticamente se detuvo cuando le faltaban diez metros para la llegada. ¡Algunos espectadores pensaron que se podía ahogar! Aunque su tiempo fue un minuto más lento del necesario para el siguiente nivel de la competencia, la multitud que abarrotaba el Centro Acuático Olímpico se puso de pie y vitoreó al nadador.

Después de lo que, en natación, pareció una eternidad, el africano llegó al final dando todo de sí. Cuando recuperó el aliento y la compostura, Moussambani, de habla francesa, dijo por medio de un intérprete: “Deseo enviar abrazos y besos a los espectadores. Fueron sus ovaciones las que me hicieron continuar hasta el final”.

En esta historia apreciamos cómo las palabras de ánimo tienen el poder de transformar la vergüenza en valentía. Sin duda que los espectadores de aquel evento pudieron haberse burlado del nadador africano, pero en lugar de ello, decidieron alentarlo. Cuando animamos a los demás, podemos cambiar un momento humillante en una experiencia de dignidad y valor. Las palabras de ánimo pueden parecer pequeñas para quien las dice, pero pueden ser decisivas para aquel que las recibe.

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