Paciencia

Cultivar una virtud exige esfuerzo constante, disciplina y, sobre todo, paciencia: una cualidad indispensable tanto para mejorar como personas como para convivir en armonía con los demás.

  • Actualizado: 03 de marzo de 2026 a las 23:50 -

La adquisición de cualquier virtud humana no deja de ser ardua. Hace falta, en primer lugar, reconocer la importancia de esa adquisición y la determinación de hacerse violencia si es necesario hasta que el buen hábito, que eso es lo que es una virtud, arraigue y se convierta en una disposición estable de la personalidad.

Hay personas que poseen una inclinación natural hacia alguna virtud y que les exige relativamente poco esfuerzo llegar a ser ordenados o sinceros o discretos. Sin embargo, a estas mismas personas les puede costar ser recios o laboriosos o responsables. Pero, todas las mujeres, todos los hombres, estamos en la capacidad de adquirir hábitos éticos, de ser virtuosos, de comportarnos de manera tal que convivir con nosotros no implique un desafío a nuestra paciencia.

Y, justamente, es la paciencia uno de los hábitos éticos más importantes para la coexistencia pacífica, ya que nos ayuda a soportar con entereza los defectos, los vicios, de los demás.

Decía el hijo de un conocido mío que la paciencia era la ciencia de la paz, y no dejaba de tener razón. Antes que nada, para adquirir cualquier buen hábito hace falta que tengamos paciencia con nosotros mismos. Se corre siempre el riesgo de frustrarnos, de cansarnos de pelear contra nuestros defectos y de abandonar la lucha antes de llegar a alcanzar la meta.

Comenzar y recomenzar no es un ejercicio fácil, pero indispensable para alcanzar la práctica estable de toda buena conducta. Si, por ejemplo, se está luchando por vivir la puntualidad no debemos desanimarnos el día en el que el propósito no se cumpla y lleguemos tarde a donde queríamos o debíamos estar a tiempo. Lo importante es no dejar de intentarlo y, tarde o temprano, se acabarán por desarrollar las estrategias para no distraerse, para dejar la cama a tiempo, para alcanzar la meta trazada.

Igual, otro ejemplo, si se quiere vivir la virtud de la gravedad, esa que nos lleva a ser personas serias, que evitan bromear mucho y que procuran nunca herir susceptibilidades ajenas. Alguna vez se les saldrá reírse a costa de otro, pero deberán mantener el esfuerzo e intentarlo cada vez que haga falta.

Y, por supuesto, además de tener paciencia con nosotros mismos, debemos trabajar por tenerla con los demás. Sin paciencia las relaciones humanas se vuelven imposibles. Como todos tenemos defectos, y estos salen a flote con frecuencia, los demás deben hacer el esfuerzo por soportarlos, por evitar la intolerancia, por no tomarse las cosas de forma trágica.

Al final, todos estamos obligados a tenernos paciencia los unos a los otros. Tendríamos que ser perfectos para no tener que hacerlo, y la perfección humana no existe.

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