“El periodismo, según como se ejerza, puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios”. Así rezaba un letrero que estuvo colgado por mucho tiempo en la Sala de Redacción de La Prensa, sin firma de autor. Con las remodelaciones a las oficinas periodísticas desapareció el rótulo; pero no la enseñanza tan certera de su contenido para quienes escogimos la carrera de informar, orientar y entretener.
En toda profesión y en las diferentes latitudes hay agremiados que ejercen con honestidad su alta responsabilidad, y otros, los menos, que se desprestigian así mismos con sus malas actuaciones, pero no por ello deshonran al universo de los comunicadores. Tal como existen jueces que besan el anillo del criminal si es de oro, los hay que pueden morir impartiendo justicia sin importar quien es el imputado. Así mismo, hoy más que antes se ponen en evidencia periodistas que venden su pluma o su micrófono al mejor postor, pero que se distinguen a leguas de aquellos que empuñan sus herramientas de trabajo como espada para defender la verdad y la democracia.
No olvidemos que los diferentes colegios profesionales cuentan en su directiva con un Tribunal de Honor para aplicar las sanciones correctas a los colegiados que ponen en precario el prestigio de la institución, como también para defender a los comunicadores que son víctimas de agresiones por ejercer honestamente su profesión.
En ese sentido, es de alabar la lucha emprendida por el Colegio de Periodistas de Honduras (CPH) a favor de comunicadores perseguidos por el anterior Gobierno en confabulación con la cúpula militar de ese momento.
Además, recientemente, cuando miembros de la guardia de honor del actual presidente de la república, Nasry “Tito” Asfura, ultrajaron públicamente a los periodistas Hedy Quintero y Flavio Pavón mientras cubrían la ceremonia de ascensos de las Fuerzas Armadas, el CPH no vaciló en emitir un comunicado condenatorio que obligó al mandatario a pedir disculpas.
El periodismo objetivo y veraz es un arma poderosa contra la corrupción, el abuso de poder, la impunidad y todos los desmanes que se cometen contra el pueblo, por eso le temen los malévolos y tratan de corromperlo. En sus perversas intenciones, los corruptos pueden toparse con la barrera infranqueable de los comunicadores decentes o encontrar un terreno favorable para sus fechorías entre los periodistas de baja estofa.