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La pobreza y sus señales

  • Actualizado: 30 agosto 2013 /

La pobreza y sus señales

Si uno intenta estudiar a fondo el origen de la riqueza con toda seguridad encontrará una biblioteca infinita, con variados enfoques, con distintas visiones en todas las épocas en que los eruditos, los pensadores y los escritores abordaron dicha temática ya por encargo, por curiosidad o por simple reflexión…

Pero no sucede lo mismo cuando intentamos estudiar la pobreza porque a diferencia de la riqueza esta no se estudia, esta solo se vive, se sufre, se tolera… o se vence.

Casi todos los libros que he leído sobre pobreza y que están escritos por especialistas que jamás fueron pobres, quedan a deber. De alguna manera para escribir acertadamente sobre la pobreza es indispensable haber sido pobre y es importante tener buena memoria…

Por otra parte es un tema que no se puede examinar acertadamente si las personas lo abordan como si fuera una asignatura extraña. Pero el problema más grave y por el cual casi nunca tenemos un concepto infalible sobre la pobreza es que casi siempre deseamos examinar la pobreza ajena y esconder la pobreza propia. Y no estoy hablando en sentido figurado, estoy refiriéndome a la pobreza como carencia material de bienes y dinero. Estoy refiriéndome a la cantidad de lempiras que llevamos o no llevamos en los bolsillos, a los bienes tasados de las cosas materiales que respaldan nuestra existencia y a la cantidad de activos o pasivos que define nuestra situación financiera.

Querido lector, agarre una calculadora y sume lo que debe a los bancos, a las financieras, a los prestamistas y a los amigos. Muy bien, ahora sume el valor real de las cosas que necesita y no ha podido comprar, adquirir y ni tan siquiera cotizar. Después imagine cuánto cuesta aquello que solamente desea o sueña y que por razones estrictamente monetarias no ha podido conseguir.

Ese gran total es la deuda que usted tiene consigo mismo. Es una deuda altísima y por ratos hasta parece impagable. Por si fuera poco estamos a un paso de entrar a la Central de Riesgo y nuestras tarjetas de crédito ya no dan para más…

No tenemos dinero o el dinero que tenemos es muy poco. Así que debemos jugar a diario el intrincado juego de las rebajas, los descuentos, las ofertas y las promociones. Soñar despiertos y suspirar al raspar un numerito para que algún centro comercial nos alivie el día con una promoción o un regalo inesperado…

Las señales más inconfundibles de la pobreza están siempre a la vista y son tantas que podría llenar este periódico… así que termino con algunas: roturas en los calcetines, hoyos en los zapatos, humedad en el encielado, televisión borrosa, goteras en el techo, cien pesos de gasolina, muebles hundidos, escritorio de museo, ropa de segunda mano, discos pirateados, recargas de a diez pesos, ollas raspadas, calzoncillos vencidos, refri vacía, cubetazos de hora feliz, cobijas antiguas, dientes picados, pelo reventado, sopas aguadas, rifa apuntada, sillas quebradas, vasos agrietados, llantas pelonas, motores bulliciosos, equipo viejo, trapeador improvisado (puede ser un pantalón o una colcha), patacones en el perro, pulgas en el gato, ratas en el techo, lentes de brigada, arroz chino en los cumpleaños, etc. etc.…