La nueva San Salvador

Las mejoras impulsadas por el gobierno de Nayib Bukele han transformado espacios emblemáticos de San Salvador, donde el turismo, el orden y la sensación de seguridad reflejan un país que dejó atrás el miedo impuesto por la delincuencia.

  • Actualizado: 05 de enero de 2026 a las 23:50 -

Subir al cráter apagado del volcán San Salvador por cómodos senderos escoltados por firmes barandales es más emocionante desde que el gobierno de Nayib Bukele hizo sustanciales mejoras al Parque Nacional El Boquerón, dentro del cual se encuentra esa milenaria elevación terráquea.

Desde el mirador principal, en la cúspide del volcán, el visitante puede observar, de pie sobre un vertiginoso piso de cristal, el lago de Ilopango, parte de la capital y todo el entorno de una accidentada geografía rica en vegetación. Caminar sobre la plataforma de vidrio da la impresión de estar suspendido en el aire con un profundo precipicio bajo nuestros pies, por eso produce, a muchos de los visitantes, un miedo que resulta injustificado, ya que el material transparente tiene la capacidad de resistir el peso de muchas más personas de las que caben en el mirador.

Entretanto, la Villa Navideña que se instala todos los años en el centro histórico de San Salvador es, desde que asumió Bukele, más atractiva y ordenada. En tal evento que finaliza hoy se evidencia la confianza que ahora tiene la población en la policía, pues las personas pueden fotografiarse dentro de los carros patrulleros que resguardan el lugar, bajo la mirada complaciente de los agentes.

Durante el recorrido por la villa multicolor vimos, en exhibición, uno de los muchos carros blindados que utilizó el ejército para cazar a los pandilleros que corrían a refugiarse a las montañas, al saber que ellos eran las presas buscadas en aquellos autos fortificados; entre ellos, el Yagu.

Este modelo es el que nos mostraron amables miembros de la Fuerza Armada con las explicaciones pertinentes. Compacto y resistente a balas de alto calibre, los Yagu trepan como garrobos a lo más alto de las montañas, en donde fácilmente pueden localizar a los mareros hasta de noche porque poseen un faro alzado sobre el techo que baña de luz led un amplio perímetro.

Lo que hasta aquí hemos referido es solo una muestra del ambiente de seguridad que también prevalece en el resto del país.

Gracias al triunfo de Bukele sobre la delincuencia, ahora los salvadoreños pueden disfrutar, con toda comodidad, de una película en un cine público al aire libre o transitar tranquilos por zonas de la capital que antes eran consideradas calientes por haber sido bastiones de los pandilleros.

Los vestigios de las trancas de seguridad en las entradas a ciertas colonias son también una muestra de que, en la tierra donde descansa el general Francisco Morazán, reina la seguridad que anhelamos los hondureños. Hacer realidad ese sueño en Honduras debe ser uno de los retos para el próximo Gobierno.

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