“Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y del universo no estoy absolutamente seguro”: Albert Einstein.
La necedad o terquedad irracional es un estado de ignorancia voluntaria, una resistencia a aceptar razones, consejos o evidencias claras; es persistir en el error aun cuando se muestra la realidad.
La necedad es mucho más que un rasgo de conducta: toda necedad se sustenta en la soberbia, y la soberbia está sustentada en la baja autoestima.
Muchas personas caen en estado de conformismo y dicen: “Es que soy así. Siempre he sido así y moriré siendo así”.
Debes saber que cada vez que dices esas palabras has renunciado a la oportunidad de crecer y ganar valor.
Nada en la vida será permanente: ni las tragedias, ni los accidentes, ni los errores, ni los miedos o dolores.
Siempre la necedad se caracteriza por la falta de reflexión, el rechazo a escuchar consejos y el creer tener siempre la razón y sobre todo el orgullo excesivo que impide reconocer los errores.
El origen de la necedad casi siempre se relaciona con experiencias previas, especialmente personas que tuvieron su escuela de vida traumática en la infancia.
Cuando existe una persona llena de temores, siempre que no se fomenta la relación, son personas que se aíslan o siempre se mantienen en posición de defensa y ataque.
Las consecuencias en las relaciones siempre generan problemas familiares, laborales, amistades y producen ambientes tensos.
Las consecuencias terminan en decisiones imprudentes y conflictos innecesarios.
Las personas que cortan la necedad siempre manifiestan la humildad, tienen espíritu enseñable, y la clave siempre es vivir y aplicar la sabiduría, que implica no solo conocimiento, sino también prudencia y reflexión.
Es manifiesto que la necedad no escucha consejos y habla sin pensar.
“En la boca del necio está la vara de la soberbia; más los labios de los sabios los guardarán”, Proverbios 14:3 (RVR60).
La necedad es una realidad que debe ser erradicada.