Jack, que trabajaba en una granja, llegó a aburrirle tanto sembrar maíz, cosechar maíz, darle de comer a las vacas y ordeñarlas, que decidió buscar un empleo diferente, distinto.
Caminando por las veredas de finales del siglo diecinueve, vio un letrero clavado en un poste: “Necesitamos un leñador para el corte de árboles”. Jack lo desprendió y con el bajo el brazo entró al lugar. Encontró un hombre, alto y fuerte.
—¿Usted es el jefe?—Sí, ¿qué quiere?Jack le entregó el letrero.—¿Por qué lo quitaste?—¡Porque yo soy el hombre que usted busca!—¿Qué sabes tú de cortar árboles?—Nada, pero puedo aprender si usted me enseña.
Y el jefe le dio el trabajo. Le entregó un hacha, tres limas que Jack guardó en su bolsillo del pantalón. Le explicó lo mínimo, que había que quitar primero las ramas, que había que cortar lo más bajo posible para aprovechar la madera. Y lo dejó trabajando solo.
El primer día, feliz, cortó 10 árboles. El segundo llegó muy temprano para mejorar su récord, pero solo pudo derribar seis. Afligido, el tercer día se esforzó mucho más, pero cuando al obscurecer ¡había derribado solo tres!
El jefe llegó y Jack confesó su baja en la producción sin explicarse el motivo. El jefe, que llevaba años en ese negocio, preguntó:
—¿Cuántas veces te has detenido para afilar el hacha? Jack explicó: Pero jefe, si apenas tengo tiempo para cortar árboles y usted quiere que pierda tiempo afilando el hacha.
Por supuesto, no es más que una anécdota con una evidente lección. Sin embargo, en este Siglo XXI, es muy riesgoso no “afilar su hacha”. Porque la gente que sí lo hace toma una gran ventaja.
¿Cómo lo sé? Porque he trabajado por muchos años en Dale Carnegie Training, y he conocido gente de visión que desarrollan habilidades suaves vitales para el éxito.
¿El resultado? Funcionan con excelentes relaciones interpersonales, controlan su estrés y sus preocupaciones y desarrollan un poderoso entusiasmo. En conclusión, su evidente liderazgo es el resultado de dedicar tiempo y esfuerzo “afilando su hacha”.
LO NEGATIVO: Retrasarse en el futuro, por no percibir la necesidad de contar con habilidades vitales.
LO POSITIVO: Descubrir que, afilando el hacha, funcionamos avanzando siempre en la vida diaria.