Si hay algo que me inquieta del mundo actual es la obsesión de permanecer jóvenes. No existe espacio para mostrar signos de envejecimiento, se alaba a quienes se “conservan” es un estado casi atemporal.
La juventud es una etapa maravillosa del ser humano, en la que se tiene la ilusión de que será permanente. Puede parecer bastante tiempo, hasta que llega la sensación de que los años pasan volando. Allí, uno se apropia de la teoría de la relatividad del tiempo, no desde el sentido físico-matemático, sino del más humano, de la propia experiencia.Vista desde el otro lado, el de la juventud que ya va pasando, la vida tiene otro sentido, un poco más consciente.
La juventud no es eterna ni siquiera para los países que pasan por un momento de bono demográfico, como el que aún vive Honduras, en el que la mayoría de la población es joven y apta para trabajar, entre 15 y 64 años.La población de nuestro continente está envejeciendo y la de Honduras, quizá un poco más tarde, también lo hará, entre 2043 y 2045 (Observatorio Demográfico Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Unah).
Aunque parezca que faltan casi dos décadas, y eso en términos de la vida individual signifique mucho tiempo, para los países y para la planificación del desarrollo no suele serlo.Así como la situación de bono demográfico no se ha aprovechado lo suficiente para que la economía del país crezca de forma acelerada, debido a problemas estructurales, la complejidad política y la corrupción, entre otros, también corremos el riesgo de no prepararnos ante el inevitable envejecimiento poblacional.
Esa realidad debería despertar desde ya nuestra inquietud, especialmente porque en Honduras no se cuenta con un régimen de pensión generalizado, sino con una fuente que hasta ahora ha sido estable para atender a la población madura: las remesas.
Desde ahora, habrá que delinear proyectos orientados a atender las necesidades del adulto mayor, que pasan no solamente por el cuidado, sino por los servicios financieros, de salud y recreativos, por mencionar algunos.
Por ahora, en la empresa privada se ve desde ya un interés en este grupo poblacional, a través de servicios especiales, también ofreciendo oportunidades formativas de educación superior para adultos mayores y en farmacias que ofrecen servicios de rotulación y empaque de medicamentos para facilitar el control de las dosis diarias; sin embargo, este es un tema aún nuevo.
La juventud, “divino tesoro”, se va para no volver, y desde ya hay que prepararse para ello, no solo desde la perspectiva individual y familiar, sino especialmente de la del Estado. Ojalá lo hagamos a tiempo.