¡Hasta pronto, Wicha del alma!

Se me ocurre pensar que, al no poder vivir sin Jorge, mi hermana María Luisa decidió seguir sus pasos a la eternidad por el mismo camino que había emprendido su amado esposo.

El nombre de Jorge Alberto Ramos quedó impreso en los anales del emprendimiento empresarial, la política limpia y, sobre todo, en el alma dolorida de María Luisa aquel 18 de noviembre en que cayó derrotado por una enfermedad terminal.

Apenas seis meses después, Wicha (diminutivo cariñoso de ella) lo estaba acompañando en un tibio sepulcro, como si la muerte, en vez de separarlos, los hubiese unido más con la complicidad insólita del mismo tumor maligno. En memoria de la ejemplar pareja, reproduzco a continuación mis palabras pronunciadas en el sepelio de Wicha en Jardines del Recuerdo entre tantas muestras de cariño y pesar presentadas por familiares y amigos de los extintos: “Estoy frente a vos, querida hermana, no para decirte adiós, porque no te has ido.

Te quedás entre tantos recuerdos de nuestra infancia y en las anécdotas nostálgicas de tu existencia feliz. No me despido, porque vos seguís con nosotros. Estás en los corazones compungidos de tus hijos, de tus nietos y de cuantas personas te queremos y te seguiremos queriendo.

Te quedás en aquel apretón de mano que me diste en tu lecho de sufrimiento, en donde esperabas el momento sublime de reunirte con Jorge. No te has marchado, María Luis de Ramos, estás en el cuento “El ratoncito travieso” que se te ocurrió escribir un buen día para tus nietos y que terminamos leyendo los adultos junto a muchos niños más. Permanecerás en el tenue color rojo de las bugambilias que observabas desde tu balcón, complacida por verlas florecer. “Miren qué bonitos se ven mis napoleones”, decías, orgullosa, en la otra vida, esta vida nuestra en que los pesares nos roban la paz.

Se sentirá tu presencia en las tertulias de tus ex compañeras “las pericas” del San Vicente de Paúl y en las aulas del instituto JTR, en donde impartiste tus conocimientos adquiridos en la vieja Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán. Esta no es una despedida, sino un recordativo de esas vivencias tuyas que seguirán con nosotros, como aquellas reuniones en familia cuando tus nietos te colmaban de besos, abrazos y travesuras, y vos les contestabas con efusivas caricias.

También te quedás en los aplausos que hoy te tributamos por tus triunfos, en vez de un vacío minuto de silencio. Aquí estás con Jorge, entre esta tibia brisa que no termina de secar nuestras lágrimas, por eso no te digo adiós, sino hasta pronto, querida Wicha”.

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