Hace más de cien años, allá por 1912, los Estados Unidos tenían tan solo unos 112 millones de habitantes. Ya desde entonces los inmigrantes llegaban de todo el mundo, con la esperanza de realizar el “sueño americano”. Un desconocido presentaba un vodevil titulado “Karno’s Wow Wows”. Su nombre acabó escribiéndose en la industria del entretenimiento: Charles Chaplin.

Dos años antes, en 1910, el cometa Halley cruzó el horizonte en su primera visita desde 1759. Causó pánico porque mucha gente de aquella época “esperaba angustiada el Apocalipsis” y sin embargo no pasó nada. Por aquellos días la policía de Nueva York utilizó por primera vez una nueva arma contra el delito. Charles Crispy fue condenado por participar en un robo. ¿La evidencia? Sus huellas digitales, novedoso sistema utilizado por primera vez en un juicio.

Había convulsiones. 25,500 trabajadores textiles, de 14 nacionalidades diferentes, se fueron a la huelga pidiendo un aumento salarial. La American Woolen Co., de Massachusetts cedió al fin, y lo otorgó. En el mes de abril de 1912, durante su viaje inaugural, el “insumergible” Titanic chocó con un iceberg; murieron 1500 personas entre ellos mucha gente prominente. Entre tanto, en la Calle 125 de la Ciudad de Nueva York, en los salones de la Asociación Cristiana de Jóvenes, un joven profesor llamado Dale Carnegie, dictaba su primera clase de oratoria. Dio origen así a los hoy mundialmente famosos entrenamientos que llevan su nombre y que se dictan actualmente en 97 países y en 31 idiomas, con un éxito tan grande que quizá sorprendería a su fundador.

Un año después, en 1913, un 10 de octubre, W. Wilson, presidente de los Estados Unidos, presionó un botón en la Casa Blanca e hizo volar el Dique de Gamboa. Se había inaugurado así el Canal de Panamá.

Ese mundo nos luce hoy más simple y menos complicado. En cambio actualmente las cosas se han vuelto complejas. “Ojalá mis problemas fueran como los de hace 100 años”, me decía un amigo. “Piensa entonces cómo verán los nuestros en 100 años más”, le advertí. Quizá en el año 3014, alguien recuerde lo que ocurre ahora y se sonría por lo que hoy nos aflige tanto.

LO NEGATIVO: Creer que nunca hubo ni habrá otra época más convulsa que esta.

LO POSITIVO: Comprender que cada época trae sus propios retos y desafíos. Aceptar los nuestros.