He visto en repetidas ocasiones las imágenes del lanzamiento de la misión espacial de la NASA, Artemis II, en su viaje alrededor de la Luna. Es asombroso ver cómo el talento, la investigación, el estudio, la creatividad y los avances tecnológicos pueden combinarse para llevar al ser humano muy lejos, tanto en el sentido textual como en el metafórico.
Hoy podemos conocer la experiencia de sus cuatro tripulantes a través de la información que envían y que es compartida a través de redes sociales.
Entre toda la información que circula, me llamó poderosamente la atención un mensaje del astronauta Victor Glover, quien, al observar la imagen del planeta a través de la ventanilla de la nave, dijo: “Eres especial. En todo este vacío, tienes un oasis precioso donde podemos existir juntos”.
En la víspera de la celebración cristiana del Domingo de Resurrección, Glover siguió con su mensaje: “Tanto si crees en Dios como si no, esta es una valiosa oportunidad para nosotros para recordar dónde estamos, quienes somos (...)”.
El mensaje fue celebrado por muchos y criticado por otros más, cuestionando el costo de la misión espacial y el sentido de sus palabras en un contexto de creciente violencia.
Sin embargo, es precisamente por el contexto que sus palabras adquieren un mayor valor; es la conclusión de una persona que, a pesar de las circunstancias excepcionales, de experimentar en primera fila la capacidad tecnológica que ha alcanzado el ser humano, no deja de sorprenderse ante la creación.
El mensaje del astronauta Glover es el de una persona que, aun viviendo plenamente una experiencia espacial, lejos de perder la humildad decide celebrar el lugar que tenemos en el universo, que se presenta como un enorme vacío, insondable, inexplicable.
“Eres especial. En todo este vacío (...)” es una frase sencilla que resuena, ya que el vacío puede estar en el espacio, como también puede experimentarse en un mundo lleno de personas y ruido.
Porque el vacío no solamente puede ser físico, sino también existencial, y ambos pueden ser difíciles de explorar.
Esas palabras sencillas pero llenas de significado cobran mayor valor para un mundo que parece avanzar hacia la violencia y la destrucción; un mundo que oscila entre la incertidumbre y la indiferencia.
Las palabras lejanas a la espectacularidad nos manifiestan a un ser humano que aprendió a conjugar el conocimiento y la investigación sin perder la fe, que sostiene y da sentido, aun a la distancia.
El testimonio breve del astronauta de Artemis II es un reconocimiento de la pequeñez y la singularidad del ser humano ante la creación. Es una reacción de asombro y agradecimiento, un mensaje de paz y de unión válido quizás hoy más que nunca, un llamado a mantener la fe y conservar el poder de la oración.