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¿El tripartidismo es la solución?

  • Actualizado: 23 septiembre 2019 /

El reacomodo de fuerzas políticas dentro del Congreso Nacional ha dado los primeros frutos en materia electoral.

Noé Vega

El reacomodo de fuerzas políticas dentro del Congreso Nacional ha dado los primeros frutos en materia electoral, por lo cual cualquier defecto de que adolezcan el Tribunal de Justicia Electoral y las otras entidades o las crisis que puedan enfrentar al futuro se podrán explicar por esa razón. Porque el surgimiento de estas nuevas entidades electorales no es producto de la capacidad de las fuerzas políticas para concertar pactos políticos de reformas profundas, sino más bien producto de la insurrección legislativa que se saldó con desorden, gases lacrimógenos y la agitación que provocó en el país.

Pero algo es algo, y es de justicia que las fuerzas políticas más representativas del voto ciudadano estén representadas en estas entidades, por lo cual lo técnico de estas entidades electorales ha pasado como siempre a un segundo plano, prevaleciendo lo político, como es lógico.

Decimos todo lo anterior, pues muchos pueden pensar que el fin de la insurrección legislativa y con los productos que está dando en materia electoral las cosas se están arreglando en Honduras, pero ¿en realidad traerán la ansiada paz social estos acuerdos o, más aún, se recuperará la estabilidad económica y la estabilidad del presente Gobierno? Eso es cátedra aparte.

Porque ese cambio que ha habido y esa nueva participación de las fuerzas políticas emergentes no es garantía para el pueblo de que harán elecciones limpias y transparentes, pues el ojo que todo lo ve del bipartidismo ahora tiene tres personas que lo dirigen; pero las reformas electorales necesarias para dar garantías de transparencia están pendientes en el tintero legislativo y, si no se mueven rápidamente en lo que resta de tiempo antes de las elecciones generales, aumenta la probabilidad de una nueva crisis política que convulsione al país, quebrante la economía y nos suma en más oscuridad.

Hay un claro fracaso de la capacidad de diálogo de los políticos, aunque lo pinten de otra forma, por antonomasia, que son capaces de dialogar, cuando en realidad ha sido fruto de todo un conflicto que comienza en el Legislativo; pero que se traslada a todos los sectores de la población. Es decir, necesitamos que los políticos dialoguen en realidad, que dejen primar los intereses de país antes de que sus propios intereses políticos, pues tal parece que los representantes ante las nuevas entidades electorales llevan impreso el claro compromiso con sus partidos políticos antes que los del país.Por esa razón se buscaba que estas entidades electorales fueran técnicas, no políticas, pero al final se quedó en lo mismo, políticos juzgando a políticos.

Porque ¿qué pasará en las próximas elecciones si no hay garantía de limpieza y transparencia?, pues lo lógico que la cuestión se decidirá de dos a uno dentro de la entidad electoral, garantizando la alianza entre dos fuerzas políticas y dejando de lado lo que a gritos la sociedad ha demandado de los eventos políticos, limpieza y transparencia.

Estamos de acuerdo en que las fuerzas políticas tengan la justa participación, pero sin existir las reglas jurídicas y técnicas que le den garantía a los procesos electorales estamos solamente con un cambio de palanca, que ahora tiene tres manos que la dirigen; pero eso que todos anhelamos como sociedad ha quedado de lado. Ojalá que no pase lo mismo con las mesas electorales, donde la ciudadanización nunca llegará mientras la politización continúe.