El primer salario del Año Nuevo es el más esperado, especialmente para quienes reciben su pago quincenal y, aún más, para quienes lo reciben de forma mensual. Por esa razón, el 6 de enero, Día de los Reyes Magos, pasa casi inadvertido: la mayoría de los trabajadores gastó el dinero de diciembre y no dejó reservas.
En los hogares vuelven los tradicionales calderos azules para cocinar frijoles, y las cacerolas donde se cocinaron todo tipo de menús de la época navideña son guardadas; el horno no se usará por mucho tiempo. Solo queda el aroma de las piernas de cerdo, pavo y de las gallinas horneadas.
Las manzanas y las uvas desaparecen en la mayoría de los hogares como frutas favoritas, en especial durante la última semana del mes de diciembre, y se vuelve a consumir guineos y a chupar naranjas.
Los tamales y los “sanguches”, que saciaron tantos antojos navideños y que incluso llegaron a ser despreciados por su abundancia, se extrañan en enero. En este mes, un tamal recalentado vuelve a ser un deseo.
Igualmente, se multiplican las visitas de los cobros de todo tipo de artículos que en diciembre fueron adquiridos hasta en “combos”, con ofertas navideñas especiales.
Hoy, esas compras se convierten en la principal preocupación y obligan a más de uno a esconderse cuando escucha el ruido de las motocicletas de los cobradores.
Las casas de empeño y los prestamistas del barrio son los más visitados por aquellos derrochadores y derrochadoras que se convierten en esclavos de la sociedad de consumo, malgastando sus ahorros del año, salarios y el aguinaldo.
En diciembre se presume de estrenar los mejores trajes, hasta el más tacaño invita a una cerveza y se sube de peso. En enero de 2026 se vuelve a la realidad en un país llamado Honduras.