25/02/2024
10:59 AM

El poder puede desquiciar

Renán Martínez

“La prueba suprema de virtud consiste en poseer un poder ilimitado sin abusar de él”, decía el historiador y político británico Thomas Macaulay.

Este sabio razonamiento parecen ignorarlo algunos de nuestros políticos ensoberbecidos por las alturas logradas con el voto del pueblo.

Priorizan satisfacer su ego y beneficios particulares olvidando que fueron electos para servir al pueblo. A lo mejor, tampoco conocen el pensamiento de Abraham Lincoln quien decía: si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.

El resultado de esta prueba, en muchos casos, es desastroso: hombres que llegaron a la presidencia de una país por la vía democrática se quedaron empotrados en el solio por un tiempo secular en el que cometieron toda clase de abusos contra el pueblo.

En este gobierno que comienza, la altivez de ciertos funcionarios, impropia de un auténtico líder, no solamente afecta su carrera política sino también es repudiada por los ciudadanos que les dimos el voto confiados en que llegarían al poder para hacer los cambios prometidos en campaña, no para cometer ridículos actos de soberbia.

Estos funcionarios se han vuelto de pronto prepotentes y autocráticos, ya que se consideran los únicos competentes, con derecho y poder para abusar porque cuentan con el respaldo de los altos dirigentes del partido gobernante.

En referencia al poder legislativo se nos sonroja la faz al ver cómo parlamentarios sin discurso han convertido su magno hemiciclo en un circo cuyos principales actores son ellos mismos, pero que en vez de hacer reír, causan repudio.

Cómo añoramos aquellos congresos en los que los diputados eran verdaderos padres de la patria y tenían bien ganado el calificativo de honorables porque defendían sus posturas amparados en el poder de la palabra, no con insultos y diatribas sin fundamentos.

No puedo imaginar a exdiputados como Rafael Pineda Ponce o Mario Rivera López (ya fallecidos), abucheando al proponente de una moción, encaramados en la mesa de la junta directiva, lanzando pañales en el hemiciclo para mandar un mensaje burdo a su adversarios o lanzando piedras a un edificio estatal para reclamar una chamba.

Estos disparates que vemos con decepción por los medios de comunicación y las redes sociales, no contribuyen en nada a la paz que anhelamos los hondureños, ni a la estabilidad que requiere la presidente Xiomara Castro para hacer un gobierno por la prosperidad del país, como prometió.