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El don de optar

  • Actualizado: 03 septiembre 2013 /

El don de optar

“Vivir –dice Arturo Pérez Reverte– significa optar, elegir, moverse. Mojarse. Tomar posición y disparar contra esto y aquello; y también recibir disparos ajenos. Por supuesto, escribir… para qué les cuento…”

¿De qué se trata la vida sino de ir eligiendo entre muchas o pocas opciones? Tomar partido y asumir los riesgos. Aprender con pundonor a enfrentar las consecuencias de las malas elecciones y decisiones y disfrutar al máximo los aciertos cuando finalmente se dan…

La vida no es para tibios ni para flojos, tomamos decisiones fundamentales que algunas veces no tienen retorno; por ejemplo dónde voy a vivir, con quién voy a vivir y a qué me voy a dedicar. Son decisiones tremendas que de algún modo determinan el destino de cualquiera y deben tomarse con prontitud y oportunidad. No hay mucho qué escoger, son los dilemas de siempre y nadie puede exclamar sin equivocarse “mis elecciones fueron mejores que las tuyas”.

Con respecto a las cosas básicas uno debe optar entre el campo y la ciudad. Entre casarse o no y entre prosperar económicamente o conformarse con la providencia natural de la vida. Lo importante, lo esencial es que nadie se queje de aquello que eligió. Al final de cuentas todo aquello que somos o no somos lo elegimos porque quisimos. Nadie puede – perennemente – manipular o controlar la voluntad ajena y es mentira que las cosas que nos suceden fueron decididas por otro. Uno de los grandes “auto engaños” de la gente indecisa es culpar a terceros de las cosas malas o supuestamente malas que ocurren en su vida. Porque siempre será más fácil culpar a segundos y terceros de las malas decisiones que tomamos o de todos los errores que cometemos. Trato de recordar cada día cuantas de las cosas malas y buenas que han ocurrido en mi vida fueron decididas por otro y al momento vienen a mi mente los traumas de mi niñez. Alguien decidió alguna vez ofenderme o agraviarme valiéndose de mi inocencia o de mi indefensión; es decir, alguien tomó malas decisiones que me afectaron pero después yo tomé la decisión de no quejarme y opté por no guardar rencores. La niñez es una burbuja ambulante que no siempre logra elevarse. Pero fuera de esa burbuja, todo lo que sucede, sucede porque nosotros lo decidimos y lo elegimos. Ni el tirano más feroz puede controlar la voluntad y se conocen miles de casos donde las personas aparentaron cumplir órdenes y seguir instrucciones simplemente para poder salirse con la suya. La mejor conclusión que uno puede sacar es esta: sufrir es una opción que no anula la opción de ser feliz, porque ser feliz es básicamente una decisión.