14/01/2026
09:00 PM

Edición única

Elisa M. Pineda

El futuro nos ha alcanzado. Esa es la sensación que nos provoca ver los adelantos tecnológicos de la era de la información. Convivimos con la inteligencia artificial, que está presente en aquello que consideramos simple, hasta lo más complejo.

Desde el Chat GPT hasta las soluciones satelitales a la necesidad de información para la toma de decisiones sobre asuntos relacionados con diversos temas, hablar de la inteligencia artificial ya no es algo futurista, sino actual.

No podemos negar la enorme capacidad que la humanidad tiene ahora de facilitar tareas que anteriormente tomaban mucho tiempo, de contar con información diversa y profunda muy rápidamente; sin embargo, por otra parte, corremos el riesgo de dependencia absoluta, incluso para pensar y para relacionarnos con otros.

Es probable que, en algún tiempo, las habilidades sociales y el contacto persona a persona sean muy apreciados, porque lo que hoy es novedad, más tarde deja de serlo. Si bien el desarrollo tecnológico no para de sorprendernos, esa sensación de artificialidad sigue siendo parte de la experiencia.

Al mismo tiempo, el mundo vive un momento en el que los artículos de edición limitada adquieren un gran valor, por estar disponibles solamente para un grupo de personas. Tener algo así, es símbolo de estatus y motivo de reconocimiento.

Paradójicamente, no aplicamos esos mismos parámetros para las personas, que en realidad son edición única y especial, cada una. Allí generalizamos e incluso imponemos estereotipos para encajar.

El ser humano no necesita esforzarse, porque ya es en sí mismo una creación única y especial, diferente a todos los demás. Pero no hay ese mismo aprecio por la persona que por los objetos.

También es la era de las cosas, que anteponemos a las personas, casi sin darnos cuenta. Una época en que la pantalla llama más la atención que los seres humanos que conviven con nosotros.

En un mundo así, es de suponer que en algún momento recuperemos el valor del contacto humano a humano, para compartir pensamientos y experiencias, no tanto para subirlas en redes sociales digitales, sino para verdaderamente valorar aquello.

Es posible que, en un futuro, las personas auténticas recuperen terreno por sobre la imagen que generan a través del mundo virtual; sin embargo, eso aún está lejos.

Mientras tanto, no perdamos la capacidad de asombrarnos y conmovernos ante lo creado de forma natural: una canción, un escrito, una pintura, una obra de teatro. No dejemos de admirar a las personas únicas que nos rodean, de disfrutar una conversación cara a cara, de reír y llorar juntos.

Mantener el equilibrio no es fácil en ninguna faceta de la vida, tampoco en la de buscar una relación sana entre el contacto entre lo artificial y las personas.

Valorar a las personas por encima de los aparatos es fundamental. Que la tecnología nos acerque, que nos haga ser mejores y nos ayude a encontrar soluciones para todos, pero que no nos haga ajenos a nuestro entorno, que sepamos valorar las cosas y las personas en su justa dimensión. Que comprendamos siempre que la edición única, está por encima de la edición limitada.