Detrás del azul de la bandera

  • Actualizado: 31 de agosto de 2026 a las 00:23 -

El primero de septiembre se conmemora en Honduras el Día de la Bandera, que marca el inicio de las fiestas patrias. Este año, la fecha podría ser un nuevo momento para dividir, esta vez por el color de las franjas azules y las cinco estrellas en el centro de la franja blanca.

¿Azul turquesa o azul marino? Es casi seguro que en las celebraciones y desfiles que se avecinan convivirán ambos, no solamente por las diferencias políticas que hay detrás de cada versión de azul, sino por un tema un poco más práctico: porque el comercio tiene ambas y buscará salir de ellas.

El color de la bandera se ha convertido en la representación gráfica de temas más profundos y que llaman la atención: está la necesidad de diferenciación de lo que consideramos “los otros”; además, se encuentra presente la idea de romper con lo hecho por una administración anterior, desvirtuando sus decisiones.

En otras palabras, es una dedicación de atención, tiempo, esfuerzo y recursos en acentuar las diferencias, paradójicamente sobre un símbolo patrio que debería llamarnos a la unidad de la nación.Así, nos adentramos en una celebración patria distinta, marcada por esas discrepancias, olvidándonos de que nuestra Honduras es de la ciudadanía completa.

Detrás de la elección del azul de la bandera se encuentra algo mucho más serio, más inquietante, que representa una forma de ser y actuar que sigue siendo una verdadera ancla que obstaculiza nuestro avance.Parece que las autoridades de ayer y de hoy han decidido marcar sus administraciones haciendo una especie de “borrón y cuenta nueva” aún en asuntos que deberían ser permanentes, como los símbolos patrios.

Para quienes nacimos y hacemos vida en este país es casi un irrespeto esa forma de actuar, que deja a un lado que cada administración únicamente tiene cuatro años para gobernar, mientras que la patria es permanente y, aunque se encuentre muy fragmentada, es plural.

El Día de la Bandera Nacional de Honduras busca fomentar el civismo y el respeto, así como promover la unidad nacional; sin embargo, es una tarea difícil considerando que ni siquiera hay consenso sobre el color azul de ella.

Si eso sucede con un símbolo patrio, ¿qué sucederá con otros temas mucho más profundos y con mayores aristas e intereses? La respuesta es obvia.Vivimos entre distintas versiones de una misma realidad y, al parecer, existe poco interés en conocer la visión del otro y mucho menos, en lograr consensos. Se pasa el tiempo en defender posturas inamovibles, en lugar de enfocarse en la búsqueda de soluciones integrales a desafíos complejos.

Mientras tanto, el mundo avanza y pone los ojos en temas mucho más profundos: la emergencia climática, los conflictos entre estados y su afectación a la economía global, el impacto de la migración, la convivencia con la inteligencia artificial, el deterioro de la institucionalidad democrática y el avance del crimen organizado.

Aún queda un poco de esperanza en que las fiestas patrias no se conviertan en un motivo más de enfrentamiento ideológico-político y que, al menos por unos días, podamos pensarnos y sentirnos parte de un todo, incluyente y valioso. Que Dios dé sabiduría a nuestros gobernantes, en los tres poderes del Estado, del color que sean.

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