Allá, en el lejano 1900, hace 126 años ya, Robert M. Yerkes y John D. Dodson descubrieron que existe una relación directa entre los niveles de activación emocional y el rendimiento personal.
Este estudio pionero los llevó, para aclararlo, al término “Zona de Confort”, con el que describían un aspecto mental en el que el ser humano se sentía seguro, pero que, a la vez, ese sentimiento de confort le impedía desarrollar su verdadero rendimiento personal.
Hoy se le llama también “Zona de Comodidad” y, desgraciadamente, para muchas personas esta las limita tanto que se convierte en su peor enemigo y, todavía, ¡la defienden!
Se nos dice, sin embargo, que nuestras mejores oportunidades están fuera de nuestra zona de comodidad.
Yo lo he vivido muchas veces y puedo dar fe de ello. Mi hermano mayor y yo estudiamos internos en Montemorelos, a 900 kilómetros de la Ciudad de México y de mis padres.
Más tarde viajé a toda Centroamérica, al principio con temor, vendiendo productos mexicanos.
Pronto me sentí muy seguro. Así conocí en San Pedro Sula a Luisa Margarita y nos hicimos novios.
Cuando nos casamos, nos radicamos en México. Ya con nuestros pequeños hijos, cambiamos tres veces de país por mi trabajo.
Finalmente, vinimos a Honduras, la tierra de Margarita, ya trabajando en Dale Carnegie.
Creo firmemente, por haberlo vivido, que nuestras mejores oportunidades, incluso como familia, han estado siempre fuera de nuestra “Zona de Confort”.
Y este hecho lo he visto ocurrir muchas veces. Una mujer tímida, que apenas pudo decir su nombre en la primera sesión de un Curso Carnegie, ocho semanas después, en la clausura, le pedí que diera las palabras finales.
Y prácticamente electrizó al grupo con una estupenda charla.
¿No es maravilloso recibir ayuda para salir de la prisión de la zona cómoda?
Cuando Yerkes y Dodson descubrieron lo que llamaron “La Zona de Confort”, aquel que, por sentirse mediocremente cómodo, se niega a salir de ella está defendiendo a su peor enemigo.
LO NEGATIVO: Vivir con un incómodo sentimiento de inferioridad por su pequeña zona cómoda.
LO POSITIVO: Reconocer que, venciendo el temor inicial, es maravilloso salir de esa prisión limitante.