Mientras veo a la selección de Suiza jugarse su permanencia en el Mundial, pienso en el encanto (en todos los sentidos) de los países nórdicos, los de primer mundo.
Precisamente escuché El Reino, seguidamente de El rey de Us, ambos del autor noruego Jo Nesbo, que, aparte de mantenerme en vilo por tantas y tantas cosas que se sucedían unas tras otra, porque es la típica historia en la que uno no sabe en qué momento se ha puesto del lado del “malo”, porque, claro, al contarnos todo lo que ha pasado, entendemos perfectamente sus razones para hacer lo que hace e intentamos justificar lo injustificable.
Aparte de ese torbellino de emociones que experimenté mientras disfrutaba de estas preciosas novelas, también pude enterarme de muchas costumbres noruegas, además de aprender un poco sobre su geografía. Lo que sí me quedó claro es que, por más distintas costumbres, clima y ascendencias raciales, los rasgos humanos (los buenos y los no tan buenos) son los mismos en todas partes.
Pero, volviendo a los suizos, llama la atención que sean dueños de un poco más de 1,500 lagos. ¡La gente que vive cerca de una de estas maravillas de la naturaleza estará de acuerdo conmigo en que contemplarlos es muy tranquilizador!
Hace poco hice un viaje por carretera a Tegucigalpa y, de verdad, cuando se pasa por el lago de Yojoa, uno debe suspirar; es una linda sensación. Imagine usted tener 1,500 de ellos cerca. Desde luego que, si de lagos se trata, Canadá se lleva las palmas, ya que tiene más de 2 millones de ellos. ¡Más que todos los lagos de todos lados, juntos!
Lo que no tiene Canadá, y probablemente ninguna otra nación (aparte de Suiza), es la capacidad de resguardar a toda su población, sí, absolutamente a todos, en caso de una emergencia nuclear. Suiza tiene una increíble red de 370,000 búnkeres para cobijar a todos y cada uno de sus habitantes. Esto me hace recordar Greenland: El último refugio, esa producción cinematográfica protagonizada por el escocés Gerard Butler, donde, al desatarse una lluvia de fragmentos de un cometa, los gobiernos de los países más poderosos del mundo hacen un peculiar llamado, a través de su celular, a las personas más “útiles” para la sociedad, para que se resguarden junto a sus familias en enormes búnkeres ubicados en diferentes lugares, donde ya tienen reservado un espacio. El personaje de Butler es un destacado ingeniero estructural; su habilidad para construir y reparar estructuras ciertamente califica como “útil” para los jefes de Estado.
Terminando de escribir esto, está terminando también la participación de Suiza en esta copa. Pero seguramente la tristeza de su pueblo será muy breve. Debe ser difícil mantenerse triste en un lugar que es considerado uno de los más seguros del planeta, con tanta belleza alrededor, una de las mejores economías, donde no hace falta ser ingeniero estructural para tener asegurado un refugio en caso de que el mundo se caiga, escuchando y dominando cuatro idiomas al mismo tiempo que se bebe el chocolate más exquisito. Entre otras cosas.
Los jugadores (quienes, por cierto, han tenido una participación extraordinaria) se despiden de su afición, quienes les aplauden y reconocen su esfuerzo. Sin lugar a dudas, una afición de primer mundo.