Se está vendiendo la nueva ley de empleo parcial como una solución al desempleo. Dizque ahora sí habrá más trabajo y más oportunidades. Pero si usted mira más allá del discurso, lo que aparece no es una solución real, sino un ajuste de números bien presentado.
Esta ley no genera más valor en la economía ni produce más riqueza; lo que hace es dividir lo que ya existe. Donde antes había un puesto completo, ahora pueden existir dos o tres puestos parciales. En los reportes eso se verá como crecimiento, como avance.
En la realidad, significa que más personas estarán trabajando, sí, pero con ingresos más bajos y menos estabilidad. El problema no está en permitir trabajos por menos horas. El problema es que la ley empuja al mercado hacia ese modelo como nueva normalidad.
Porque a cualquier empresa le conviene contratar menos horas, pagar menos y mantener la mayor flexibilidad posible. No es un tema ideológico ni moral, es una decisión lógica de costos. Y cuando una ley premia ese comportamiento, los empleos completos empiezan a desaparecer poco a poco, no de forma abrupta, sino de manera silenciosa. Aquí es donde aparece el verdadero impacto.
Personas que antes tenían un ingreso estable pasan a esquemas más frágiles, con menos ingresos, menos capacidad de ahorro y menos proyección a futuro. Aunque en papel sigan siendo empleos “formales”, en la práctica se vuelven insuficientes para sostener una vida con estabilidad. Además, hay algo que no se dice con claridad: el trabajador no negocia en igualdad de condiciones.
En un país donde conseguir empleo ya es difícil, aceptar condiciones parciales no es una opción real, es una necesidad. Y eso crea un desequilibrio donde la empresa gana flexibilidad, pero el trabajador asume el riesgo. Lo más preocupante es que este modelo permite mejorar cifras sin mejorar vidas.
Es fácil mostrar que hay más empleo cuando lo que aumentó fue el número de contratos, no la calidad del trabajo. Es una mejora estadística, no una mejora real. Al final, usted verá titulares hablando de crecimiento y recuperación, pero la pregunta importante es otra: ¿ese empleo le alcanza para vivir? Si la respuesta es no, entonces no estamos avanzando. Solo estamos repartiendo el mismo problema en partes más pequeñas, mientras se construye la ilusión de que algo está mejorando.