El nivel de crecimiento económico anunciado por las autoridades del Banco Central de Honduras, que suponemos no juega a la política tradicional, es confuso, pues visto de manera general, diríamos que somos una economía tan pujante que crecemos más que China, no estamos en recesión y tenemos una dinámica economía. Nada de eso parece real cuando se contrasta con la realidad de la población. Así que mientras los entendidos revisan esas cifras, lo que podemos decir es que ese crecimiento todavía no llega a la mesa de la mayoría de los hondureños.

Tenemos que congratularnos de que el país crezca a tan elevado nivel del PIB, pero nos preguntamos si no solo es el reflujo del decrecimiento que se tuvo en 2020 a raíz de la pandemia y los huracanes; porque si esas mismas cifras las comparamos, parecen coincidir entre lo que se perdió y lo que se está recuperando, así que no podemos ver claramente el crecimiento económico, porque es probable que solo se esté llenando el hueco que se había quedado vacío. Porque aunque las reservas internacionales se encuentran en niveles muy buenos y el lempira se ha apreciado frente al dólar, el poder adquisitivo ha disminuido desde que comenzó la pandemia, así que aunque estos dos indicadores son alentadores, tenemos que detenernos en el ingreso de los hondureños para hablar de un aumento en el poder de compra. Nos alegra saber que los cafetaleros están endulzados con mejores precios y que los “traidólares” se han esforzado para aumentar el envío de remesas, pero estas variables no nos hablan con propiedad de lo que está sucediendo a lo interno del país, pues son factores externos que pueden presentar variables. La economía sigue estancada y el clima político de incertidumbre no hace más que posponer las inversiones nacionales y extranjeras, esperando qué rumbo tomará el país, dependiendo del partido político que se alce con el poder en las próximas elecciones. El pesimismo que hay en la población exigirá del nuevo gobierno un esfuerzo extra para devolver la esperanza en términos económicos y sociales; pues hay en el ambiente una desazón con la política que solo se puede ser aminorada con un gobierno que dedique gran parte de los recursos a la inversión pública. Los indicadores que más han sufrido durante la pandemia del coronavirus. Eso sin hablar del tamaño de la deuda.

Las cifras macroeconómicas son alentadoras, pero esperamos que el clima político poselectoral no venga a causar un traspiés y a deprimir más la economía y el clima de inversiones, ya que la insatisfacción así como el nivel de inmigración y peticiones de asilo dibujan un país que padece serios desórdenes sociales y económicos. Habrá que ver al lado de tan alentadoras cifras, cuánto ha crecido la pobreza y la extrema pobreza y ver si por lo menos, los empleos que fueron suspendidos ya fueron reintegrados para que las cifras del crecimiento económico actual puedan aderezar la recuperación de lo que se perdió en 2020.