La mejor medida del progreso y justicia de una sociedad es cómo trata a sus miembros más débiles.

El trabajo doméstico, de forma tradicional y por excusiones formales (en el Código de Trabajo y legislación del salario mínimo), ha recibido un nivel de protección especialmente bajo.

Las causas residen en la cultura y la historia, y la existencia de estas no eximen a la sociedad de la responsabilidad de corregirlas.

Creemos que la mejor forma de enmendar el problema es hacer que converjan las condiciones laborales con las de los empleos convencionales.

Existen dos áreas en las que se manifiesta esta inequidad de forma principal, siendo estas la regulación de jornadas y la salarial.

Al homologar en lo posible con la legislación existente, sería más fácil vigilar la implementación y lograr resultados exitosos.

Está en estudio una ley especial para este trabajo, pero la prioridad debe ser corregir defectos en la legislación actual.

En el tema de regulación de jornadas, el Código de Trabajo fija en su artículo 154 una jornada semanal de 84 horas (!), siendo 14 diarias por seis días.

Esta jornada debe ir convergiendo con una jornada laboral convencional, tomando consideraciones de disponibilidad (si reside en su trabajo).

El Código ha sido modificado para reflejar el cambio de jornada diurna de 6 a 5.5 días, la cual también debe considerarse. Igualmente, el derecho a los feriados nacionales es parcial y no de conformidad con las prácticas generales (tiempo compensatorio o pago adicional).

Todo esto puede lograrse a través de reformar este artículo 154.

El tema de los salarios tiene varios componentes. Uno de ellos es la provisión de una parte del mismo en especie, lo cual el Código ya prevé para el trabajo agrícola (art. 366).