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12:27 AM

China viaja hacia lo desconocido

  • 04 marzo 2024 /

Intentar adivinar cómo será China en el futuro siempre resulta una tarea imposible. Cuando llegué a Hong Kong hace diez años, un amigo me advirtió: “Cuanto más mires a China, más te darás cuenta de lo poco que sabes de ella”. Mi mayor convicción hoy es que Pekín tendrá que construir en los próximos años un modelo de desarrollo nunca probado antes, ya que China se enfrenta ahora a una situación en la que no tiene ninguna referencia histórica a la que recurrir.

Hay cuatro especificidades principales que hacen que los retos a los que se enfrenta el Reino del Centro no tengan precedentes. Se trata de su demografía, su crisis de deuda e inmobiliaria, su gobierno “neoleninomarxista” y su desafío medioambiental.

En primer lugar, la demografía: El principal problema de China no es tanto el envejecimiento de su población, al que muchos otros países tendrán que hacer frente. La especificidad reside más bien en la política del hijo único que, tras cuarenta años de aplicación, da lugar ahora a una sociedad con hijos únicos. Estos han sido mimados por sus abuelas, se sienten a menudo desvinculados de sus padres e intentan escapar a una vida alternativa en las redes sociales.

Dado que el concepto de familia ha decaído como valor central de su vida, será fascinante identificar qué propósito existencial alternativo tendrá esta nueva generación aparentemente menos resistente y más acomodaticia. En la actualidad, la persecución del “sueño chino” de enriquecerse, o el enfrentamiento con Estados Unidos, entran en contradicción con la desaceleración económica general, lo que les invita a quedarse quietos a la espera de días mejores.

En segundo lugar, la crisis de la deuda y del sector inmobiliario: ya no se puede negar la gravedad del estallido de la burbuja inmobiliaria en China. Los precios se han desplomado en todo el país, mientras que el volumen de transacciones se hunde. Antes un chino necesitaba una media de cuarenta años de renta disponible para comprar un piso; ahora, su casa vale menos que la hipoteca. Además, 200 millones de inversores minoristas en bolsa han perdido la mitad de su dinero en los dos últimos años.

La peculiaridad de la situación china es que se espera que todo el coste de la crisis lo asuman los ahorradores chinos. Esto contrasta, por ejemplo, con la crisis de las hipotecas subprime de 2008 en Estados Unidos, en la que los inversores extranjeros, los bancos locales y el gobierno federal sí pagaron la mayor parte de la factura. En consecuencia, el objetivo perseguido de reequilibrar la economía china mediante una aceleración de su demanda interna no parece realista en un contexto en el que los hogares chinos tendrán que reconstruir sus ahorros y en ausencia de una red de seguridad social. Por lo tanto, es de esperar que el crecimiento económico se ralentice considerablemente en comparación con la década de 2010.

En tercer lugar, el tercer mandato del presidente Xi Jinping en 2022 ha introducido una ruptura con la irrupción de un régimen “neoleninomarxista”. La principal diferencia ha sido el fin de la “asociación público-privada”, un modelo de cooperación entre gobiernos locales y empresarios que sirvió al crecimiento económico del país durante cuarenta años. Ahora ha sido sustituido por un control sistemático del sector privado por parte del gobierno central.

Esto ha provocado en los dos últimos años la congelación de la inversión privada y un fuerte aumento del desempleo juvenil. Ahora, el crecimiento lo impulsará la inversión pública en infraestructuras y el exceso de capacidad de fabricación (por ejemplo, en energías renovables, baterías y vehículos eléctricos). El problema es que, mientras China establece su dominio, estos productos se venden a pérdida, destruyendo a sus competidores extranjeros. Así, los conflictos comerciales con otros países no harán sino intensificarse en el futuro.

El principal efecto de esta dinámica será la congelación de la mejora de la productividad. El mejor ejemplo de ello ha sido el colapso de la bolsa de Hong Kong, cuyo índice ha vuelto casi a su nivel de 1997, cuando se produjo el traspaso del Reino Unido. Aunque recientemente hemos sido testigos de algunas experiencias marxistas en el mundo, se limitaban a países pequeños como Cuba, Zimbabue o Corea del Norte. Lo inédito es que esta vez amenaza con contaminar el 20% del PIB mundial.

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