Vinimos al mundo para ser felices, pero resulta que muchas veces buscamos infructuosamente eso que tanto anhelamos porque no actuamos como deberíamos. La felicidad no puede ser completa. La vida está hecha de pedazos de felicidad y pedazos de desdicha.
Lo que nosotros debemos hacer es procurar que los momentos de felicidad sean más frecuentes que los momentos de angustia.
Muchas veces vamos buscando la felicidad como quien va cazando mariposas, siempre con la red alzada, y no nos damos cuenta de que el ejemplar más bello se ha posado en nuestro hombro.
Esperamos encontrar la felicidad en las alturas cuando está a la vera de ese corto camino que es la vida. Miramos hacia arriba, donde está la comodidad, el lujo o el dinero, pero no nos detenemos a contemplar el paisaje o a jugar con un niño.
Cuando pasamos situaciones adversas, nos consolamos pensando que “después de la tempestad vendrá la calma” en vez de optar por lograr la calma en plena tempestad a través de la resiliencia.
Un ejemplo de cómo poner en práctica este término nos lo da el español Albert Espinosa, autor del libro El mundo amarillo, quien perdió una pierna, un pulmón y parte del hígado debido a un cáncer que arrastró desde su adolescencia. Sin embargo, en vez de lamentarse, transformó su experiencia en una motivación para seguir adelante.
Luego que le amputaron la pierna, hizo una reunión en su casa para celebrar que no fueron las dos extremidades las que perdió y que además pudo comprobar que se puede vivir con la mitad de lo que uno tiene.
Hasta bromeó al decir que “al menos ya tengo un pie en el cementerio”.
Practicar el buen humor hasta en los momentos difíciles aleja los pensamientos negativos que son un obstáculo para mejorar nuestra actitud y, por ende, para dar pinceladas de felicidad a nuestra vida. Charles Chaplin usó la risa contra la guerra, transformando el horror del fascismo en sátira pura mediante algunas de sus películas.
Nuestra felicidad no depende de otros, sino de lo que nosotros sentimos. Dar amor, incluso a quienes creemos que nos hacen daño, nos libera de sentimientos negativos, como el rencor y el odio, los cuales nos atan al sufrimiento.
Debemos tener presente que cultivar la amistad es un ingrediente importante en la receta.