América Latina, Nicaragua en particular, tiene su Bonnie y Clyde en la pareja presidencial que integran Rosario Murillo y Daniel Ortega. Es imposible hacer referencia al despotismo de Ortega sin hacer mención de su Rosario, que le ha sido muy útil aunque no precisamente para rezar, sino en su afán de llegar al poder y conservarlo.
La poetisa Murillo, la mujer más poderosa del país, es una especie de Eva Perón, cónyuge de otro déspota, Juan Perón, porque gusta de las riquezas y disfruta del poder, al extremo que hay quienes señalan que en el país gobiernan los dos, aunque uno solo ostente el cargo de presidente. La primera dama es coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, una dependencia similar a un ministerio, que controla la publicidad del Gobierno y la comunicación interdepartamental, dirige el protocolo y organiza los viajes oficiales.
También maneja los Consejos de Poder Ciudadano, un aparato que controla los programas sociales. El generoso acuerdo petrolero que Hugo Chávez suscribió con Nicaragua solo ha favorecido a la familia Ortega. Todos se han hecho ricos y Doña Rosario en particular. Hay investigaciones que señalan que en los últimos ocho años cientos de millones de dólares han terminado en los cofres del clan. La familia maneja las arcas del Estado como si fueran cuentas personales y han establecido empresas particulares con los bienes malversados de la nación.
Aunque Ortega ha controlado el país por los últimos ocho años, sin olvidar los once que gobernó disfrazado de sandinista justiciero, se apresta para aspirar en los próximos comicios. En caso de no hacerlo, se supone que la candidata seria doña Rosario, lo que les haría una vez más la dupla más exitosa en política de todo el hemisferio y que repetiría a carbón la práctica somocista de cambiar la cara y el nombre del presidente, para que el Gobierno siguiera igual.
