¡Argentina! ¡Argentina! ¡Argentina! El sonoroviento arrebata la gran voz de oro. Rubén Darío.
Así comenzó Rubén, en 1914, su gran “Canto a la Argentina” para loar las grandezas de aquel país que se enfilaba por las sendas del progreso y el desarrollo de una burguesía que ansiaba la grandeza de su país. Parte de esa grandeza era el diario La Nación, del cual Darío sería su corresponsal estrella.
A lo largo de su tormentosa historia, Argentina ha vivido una alternancia de períodos democráticos y de dictaduras con saldos enormes de muertos y de represión. Desde 1983, Argentina ha vuelto a encausarse por la vía de la democracia, período inaugurado por el gobernante Raúl Alfonsín (1983-1989).
El mes de mayo es el mes de la libertad en Argentina. Fue justamente el 25 de mayo de 1810 cuando se formó la primera junta de gobierno para desconocer al virrey y la autoridad que provenía de España, en la circunstancia de la prisión del monarca.
Rubén Darío escribió su “Canto a la Argentina” en París, comenzado en 1909 y concluido en 1910, para celebrar el primer centenario de la independencia de la gran nación del sur. La Nación publicó el poema entero de mil unos versos laudatorios en un volumen de lujo para entregarlo como obsequio a miles de suscriptores. El libro, encuadernado con tela y estampado con ilustraciones conmemorativas, contenía el texto de Darío y un poema de Leopoldo Lugones, según nos cuenta Jorge Eduardo Arellano, uno de los mejores darianos del mundo.
El poema de Darío, el más extenso de los suyos, tuvo una recepción extraordinaria por la delicadeza de sus imágenes exaltadoras de la gran nación del sur, por la descripción poética de todas las virtudes y riquezas del país.
Decía un autor cuyo nombre no recuerdo que con motivo de la prohibición que recibió Darío, mientras estaba en el puerto de Veracruz, de asistir a las ceremonias del centenario de la independencia de México, por veto impuesto por los Estados Unidos, México se perdió de un poema grandioso en homenaje a su centenario como el que Darío escribió para la Argentina, país en donde desarrolló el modernismo y en donde publicó dos libros fundamentales: “Los raros” y “Prosas profanas”; el país al que Darío consideraba su patria intelectual. “Pero -lo más importante- es que -nos dice Jorge Eduardo Arellano-, de acuerdo con su ideología de la latinidad, veía en Argentina -junto con Brasil y Chile- un posible muro de contención frente al expansionismo imperial del norte. Así, en 1897, aseguró en su prosema “A la Argentina”: Pudo oponer al águila yanqui el cóndor”.
Las ideas fundamentales desarrolladas en el canto son: “La Argentina es una tierra de promisión”, “un paraíso terrestre”, “una Atlántida resucitada”. Darío destaca el papel que desempeñó la Argentina al recibir a los refugiados europeos que huían de la guerra y el hambre. Exalta el valor del trabajo generador de riqueza y progreso. Destaca la laboriosidad de los hombres de la ciudad en las usinas y los del campo en la gran Pampa, esforzados para dar a esa tierra prodigiosa la labor sin descanso para hacerla más grande y llena de fortuna.
No puede dejar de referirse a los héroes que encabezaron la lucha, muchos con la entrega de sus vidas, en pos de la libertad y la independencia. Darío alude a tales hechos en la estrofa siguiente: “Héroes de la guerra gaucha, / lanceros, infantes, soldados / todos, héroes mil consagrados, / centauros de fábula cierta, / sacrificados del terruño, / granaderos el rayo al puño, / locos de gloria...”.
Hay además elogios a la Pampa feraz, a la mujer argentina con su esfuerzo patriótico, a las ciudades y el mar. Compara a la Argentina con el Paraíso, con El Dorado, que Darío avizora como una nación próspera, industriosa, productora feraz en el campo, como una nación del porvenir.
Argentina siempre ha estado presente en Honduras como una nación solidaria: nuestras madres bailaron el tango, a veces a escondidas por la severidad absurda de los directores de los colegios que prohibían la danza; cantaron con Gardel, aquí se amó a Eva Perón, y una de las escuelas emblemáticas de Comayagüela se llama escuela República Argentina. Cuando niños leímos “Billiken” y supimos de San Martín, de Sarmiento, de las pampas, de las misiones, de los vinos de Córdoba, de los ganados de la pampa y los frutales de Río Negro y los glaciares de la Patagonia.
Estamos, pues, en el mes de mayo, el mes de la república Argentina, un mes de júbilo para celebrar la libertad y en su homenaje repetimos con Darío su grito triunfal: ¡Argentina! Argentina! ¡Argentina!