17/05/2026
12:00 AM

A la velocidad del amor

Salomón Melgares Jr.

“Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles; si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso, soy como un violín desafinado; si no tengo amor, de nada me sirve hablar de parte de Dios y conocer sus planes secretos, de nada me sirve que mi confianza en Dios me haga mover montañas; si no tengo amor, de nada me sirve darles a los pobres todo lo que tengo y dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás. El que ama tiene paciencia en todo y siempre es amable. El que ama no es envidioso ni se cree más que nadie. No es orgulloso. No es grosero ni egoísta. No se enoja por cualquier cosa. No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad” (1 Corintios 13:1-6, TLA).

Ahora, ¿qué podríamos decir que es lo más hermoso de todo esto? Lo resumo con lo que dice la canción: amor a la velocidad de la luz, viene en la noche más oscura y solo le toma un momento para cambiar una vida. ¡Todos necesitamos su amor! ¿Te atreves a contemplar sus maravillas, el milagro que sucede cuando se cree? ¡Podemos creer en el amor! ¡Podemos ser libres a la velocidad de… su amor! Y por si no lo sabía, le escribo aquí el nombre del amor para que lo busque: Jesús. “Dios es amor” dijo el discípulo amado (1 Juan 4:7). Y Jesús: “Si ustedes me conocen a mí, también conocerán a mi Padre (o sea, a Dios); ya hace mucho tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? (Juan 14:7 y 9, TLA). Recordemos: Jesús quiere hacer algo más que saciar nuestras necesidades y ofrecernos agrado y paz; Él quiere transformar nuestros apetitos a la velocidad del amor.