Si es cierto que la reencarnación existe, yo viví mi otra vida en una tierra donde se sufrió mucho, posiblemente devastada por un desastre natural, terremoto, gran hambruna y otras carestías. Eso me desarrolló un gran sentido práctico y realista para ser austera, económica, rechazar el desperdicio y el consumismo irracional.
Admiro a pueblos como el alemán; no hubo tal 'milagro alemán', ni 'milagro Japón' de la posguerra, todo se debió a que tienen mentalidad realista, austera y son muy organizados. Lo primero que se puso en práctica fue la política de bajos salarios, que se convirtió en un patrón hasta el día de hoy; han aprendido que al vivir en prosperidad todo el pueblo se beneficia. Lo mismo sucede en la actualidad en Holanda, que es el país modelo de la Comunidad Europea. Bajando sus prestaciones sociales y suprimiendo el salario mínimo a fin de que hubiera más oportunidades de empleo para los jóvenes se hicieron un país próspero del cual todos se benefician. Retomando el tema de mi 'reencarnación', soy severa crítica del derroche y del irreal consumismo. La comida que sobra en mi casa se arregla en pequeñas bolsas transparentes y otra para las tortillas, se pone en una ventana exterior que tiene un pequeño descanso.
Las bolsas no permanecen allí ni cinco minutos, pues desaparecen. Aprendí en Alemania que es mala educación regresar desperdicios en el plato, cada quien se sirve lo que va a comer. Mis muchachas están entrenadas para economizar agua, saber cómo lavar platos y revisar si hay un escape de agua y reportarlo al fontanero. Estadísticamente se ha demostrado que el mayor derroche de agua se produce en los hogares. Decía Al Gore que los mejores recicladores son los niños, pero porque se les enseña. Aquí nunca ha habido una campaña seria de reciclaje, a lo cual se suma el hecho de que nuestras ciudades son sucias.
Para la confirmación de mis dos 'lugartenientes', preparadas en la iglesia Los Dolores, una alucinada del grupo propuso vestidos largos de un material especial y con mucho disgusto gasté casi dos mil lempiras para vestidos que no volvieron a ponerse. Había un muchacho en La Esperanza que era buen alumno. Le prometí a la madre que le daría todo lo que necesitaba para graduarse de sexto grado y empieza la lista: uniforme de gala, zapatos nuevos, ¡naturalmente!, guantes, etc. Cuando creía que ya todo había concluido, oigo suspirar a la madre, '¿y ahora qué, Irma?', le pregunté.
'Debe entregar 100 lempiras para el almuerzo de los profesores', respondió. Apenas podía creerlo, y en una escuela de pueblo. Aquí en Honduras la cosa es en grande. Hay graduaciones de gala que comienzan desde los preescolares, que parecen frailecitos. En Suiza, los muchachos de secundaria se gradúan vistiendo jeans, al igual que sus padres.
En Honduras se fomenta mucho la frivolidad, mejor no se moleste en preguntar cuánto cuestan esos vestidos de graduaciones, especialmente de escuelas bilingües. Cuando el rey de Dinamarca celebró sus 70 años, su nieta usó un vestido que tenía desde hacía 10 años y se veía preciosa. Cumplir 15 años es como cumplir cualquier otra edad, pero aquí, especialmente los de la clase media, hacen fiestas como para princesas, Con ese dinero deberían pagarles un curso de verano en inglés u otra cosa que les enriquezca su cultura. Willito es un niño de 6 años, sobrino de Valentina, quien trabaja conmigo.
'¿Qué quieres de Pascuas, una chumpita o un juguete?, le pregunté. 'Una chumpita, porque el carrito que me dieron el año pasado se me arruinó rapidito', dijo. Vive en la aldea La Sorto, Intibucá, donde no hay calles para rodar un carrito, tampoco dentro de las casas. Además de la ropa que le compré, agregué una colección de letras y números magnéticos y cuadernos para escribir y colorear, igual para su primita Roxana, y unos tenis Puma. Ya de Houston le había traído un abriguito de Hello Kitty.) ¡La gran moda! Y yo no lo sabía, estoy en la generación de las abuelas y bisabuelas.
¿Cuánto dura un juguete? ¡Lo que dura una sonrisa! Recuerdo todavía con dolor cómo en total ignorancia del clima, miles de niños fueron citados en el Estadio Nacional, muy temprano en la mañana. Hacía un frío espantoso y aquellos infantes andrajosos, temblando, hacían turno para que les regalaran un juguete; no se veían sonrisas. Una niña fue aplastada por la turba y murió. Respeto y admiro el esfuerzo de Edgardo Melgar, pero me gustaría más con otras prioridades. Para Navidad, además de obsequios, guardo billetes nuevos para regalar a personas que quiero; no es poco lo que gasto.
Tengo una rara combinación: heredé de mi padre ser económica y de mi madre, el gozo de regalar; obsequio cosas finas. Me gustan los perfumes, tengo una pequeña colección, todos regalados. porque familiares y amigos conocen mi debilidad. Hemos tenido días de mucho frío, da lástima ver a tanta gente desabrigada, especialmente niños. Recuerde que los pequeños también son vanidosos y les gusta estrenar ropa nueva. Ojalá mi mensaje llegue a oídos receptores. Moraleja: Sea económico, pero no tacaño y así regalará muchas sonrisas.