Dos monjes se dirigían a su convento, situado en lo alto de la montaña. Al llegar al río hicieron un alto. Las lluvias habían hecho crecer el caudal y la corriente era tan fuerte que mucha gente temerosa no se atrevía a cruzarlo; los monjes decidieron ayudar. De entre el grupo se adelantó una joven muy hermosa y en tono suplicante pidió que la pasaran cargada. El más viejo de los monjes accedió, y la joven se montó a horcajadas sobre sus hombros. El cruce se hizo lento, pero seguro. Una vez concluido, los monjes siguieron santamente su camino. Por largo tiempo no cruzaron una sola palabra, claramente se veía preocupado al más joven. Finalmente, rompió el silencio: '¿No crees, hermano, que fue una imprudencia cargar a esa muchacha sobre tus hombros? ¿No crees que el contacto de sus muslos y la tersura de su piel te hayan hecho pecar de pensamiento?'. El monje más viejo, sensatamente contestó: 'Hermano, yo dejé a esa joven en la orilla del río, pero me doy cuenta de que tú todavía la sigues cargando'.
¿Habrá gente que también, absurdamente, siga cargando con algo? Por ejemplo, una señora a quien su esposo humilló cierta vez. Daban una fiesta en su casa, con algunas copas de más, y tacto de menos, la llamó 'mamotreto' delante de los invitados. Aunque el tono fue festivo, esto hirió a la mujer, que hirvió en santa indignación. Por supuesto rió la 'gracia' delante de los invitados, pero apenas el último de éstos salió, desató la tormenta. Eso no es lo raro, es hasta natural, lo que si es realmente trágico es que la tormenta ha durado ya 25 años. ¿Qué debió de haberse hecho? Si algo no nos agrada, aclarémoslo, dejémoslo bien sentado, veamos que no se vuelva a repetir, pero por Dios, hagamos que quede ahí, no lo carguemos para siempre. De manera que no recuerde constantemente a su hijo las malas notas que sacó el bimestre pasado. Le aseguro que es más productivo ver en qué ayudarlo para los próximos exámenes. No se convierta en juez intransigente, capaz no tan sólo de condenar a los demás, sino en de condenarse a sí mismo a cargar indefinidamente sus resentimientos.
LO NEGATIVO: Empeñarnos en llevar la pesada carga del resentimiento de por vida.
LO POSITIVO: Ser capaces de dejar los resentimientos 'en la orilla del río, justo después de cruzado'.