Ciudad del Vaticano.

El papa Francisco repasó en su homilía de la vigilia pascual del Sábado Santo las “tantas injusticias inhumanas” (la esclavitud, la trata de personas, la marginación o la corrupción y la burocracia) que “ven crucificada la dignidad” de las personas.

En una de las ceremonias más sugestivas y cargadas de significado en la tradición católica, en la que se celebra la espera de la resurrección, Francisco comenzó recordando el dolor y el desánimo de las mujeres que acudieron al sepulcro de Jesús.

Al igual que durante el víacrucis del Viernes, Francisco enumeró el dolor que se vive en nuestros días.

“Y si hacemos un esfuerzo con nuestra imaginación, en el rostro de estas mujeres podemos encontrar los rostros de tantas madres y abuelas, el rostro de niños y jóvenes que resisten el peso y el dolor de tanta injusticia inhumana”, explicó.

Continuará hoy los ritos de la Semana Santa con la misa del Domingo de Resurrección y después leerá el Mensaje Pascual e impartirá la bendición “Urbi et Orbi”
Entonces fue recordando “el rostro de todos aquellos que caminando por la ciudad sienten el dolor de la miseria, el dolor por la explotación y la trata”.

También citó “el rostro de aquellos que sufren el desprecio por ser inmigrantes, huérfanos de tierra, de casa, de familia; el rostro de aquellos que su mirada revela soledad y abandono por tener las manos demasiado arrugadas”.

Y agregó el “rostro de mujeres, madres que lloran por ver cómo la vida de sus hijos queda sepultada bajo el peso de la corrupción, que quita derechos y rompe tantos anhelos, bajo el egoísmo cotidiano que crucifica y sepulta la esperanza de muchos, bajo la burocracia paralizante y estéril que no permite que las cosas cambien”.

Para Francisco, el dolor y el rostro de esas mujeres de la Biblia son “el rostro de todos aquellos que, caminando por la ciudad ven crucificada la dignidad”.



El pontífice lamentó que “estamos acostumbrarnos a convivir con el sepulcro, a convivir con la frustración”; aunque dijo que “nuestro corazón sabe que las cosas pueden ser diferentes”.

Entonces Francisco habló de la esperanza que trae para los católicos la “resurrección de Cristo” con la que quiere “hacer saltar todas las barreras que nos encierran en nuestros estériles pesimismos”.

Para el Papa, la “resurrección” puede hacernos superar “nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida, en nuestras obsesionadas búsquedas de seguridad y en desmedidas ambiciones capaces de jugar con la dignidad ajena”.