29/12/2025
04:00 AM

Compañía suspende al capitán y se declara parte ofendida

La mujer que acompañaba a Schettino lo defendió y negó que él estuviera bebiendo.

Costa Cruceros, la compañía propietaria del barco que naufragó el pasado viernes en Italia, anunció ayer su decisión de suspender al capitán del buque, Francesco Schettino, y de constituirse como “parte afectada” en la investigación que se está llevando a cabo sobre el accidente en el que han muerto al menos 11 personas.

El abogado de la empresa, Marco De Luca, adelantó que la naviera no se hará cargo de la defensa del comandante del barco, bajo arresto domiciliario por lo sucedido.

“Es prematuro hablar de constitución de parte civil”, subrayó, asegurando que “indudablemente Costa Cruceros ha sufrido un daño patrimonial” con el siniestro.

Ayer se retomaron las labores de búsqueda de los 24 desaparecidos que permanecen en el interior del crucero, que naufragó frente a las costas de la isla italiana de Giglio.

También fueron identificados los cuerpos de dos nuevas víctimas mortales de la tragedia. Se trata de dos turistas franceses, un hombre y una mujer, con loos que suman 11 los muertos.

Estaba con una chica

Muchos pasajeros y miembros de la tripulación testificaron que el capitán estaba en el salón donde se servía la cena de bienvenida, pocos antes del impacto que causó el hundimiento. “Hasta las 21.15”, según ha informado un cocinero en el programa Chi l’ha visto? (¿Alguien le vió?), especializado en la búsqueda de desaparecidos. A las 21.30 se produjo el impacto fatal para el Concordia.

Las fotos cuentan una historia de tono distinto: Domnica -la joven moldava con quien el capitán cenaba- sonríe abrazada al capitán; o Domnica se sienta frente al cuadro de comando. Son imágenes tomadas pocos minutos antes del desastre. Ella las comenta. Dice que lleva cinco años trabajando como traductora para la compañía Costa Cruceros y por eso se llevaba bien con los oficiales de la compañía. Subió al puesto de mando aquella noche; el capitán le dijo: “Ven a ver qué espectáculo”. En este último viaje del Concordia, la joven estaba de vacaciones y no trabajaba. El crucero era su regalo de cumpleaños.

Marinos sienten vergüenza

Frente a la polémica generada por la actuación del capitán del Costa Concordia de abandonar el barco antes que los pasajeros ha surgido la pregunta: ¿es legítimo exigirle a una persona en esa situación que deje de lado su instinto de supervivencia? Después de todo, es ser humano ¿No es demasiado pedir exigirles que miren a la muerte a los ojos desde el puente de mando, mientras se apagan las luces y la nave hace agua, hasta que se haya salvado la última persona?

Para los marinos, la respuesta es un inequívoca “¡Sí!” “Es una cuestión de honor que el que manda sea el último en irse. En esta profesión no se admite otra cosa”, expresó Jorge Loren, capitán de un ferri de pasajeros que cubre el trayecto entre Suecia y Dinamarca y presidente de la Asociación Sueca de Oficiales Marítimos.

“Schettino debió haber permanecido en el barco hasta que se supiese la suerte de todos los pasajeros”, sostuvo Abelardo Pacheco, un capitán filipino que estuvo secuestrado cinco meses en Somalia y ahora dirige un centro de capacitación de marinos en Manila.

“Esa es la responsabilidad del capitán, es por eso que se le dan todos los privilegios, pero al mismo tiempo tiene una responsabilidad igual de grande”, afirmó.

La grabación de una conversación con la Guardia Costera italiana hace pensar que Schettino escapó antes de que todos los pasajeros hubiesen dejado el barco y resistió reiteradas órdenes de regresar, diciendo que el barco estaba volcado y que estaba muy oscuro.

Schettino está bajo arresto domiciliario y los fiscales se preparan para enjuiciarlo.

Craig Allen, profesor de la Academia de la Guardia Costera Estadounidense de New Londond, Connecticut, explicó que “algunos marinos entran en estado de pánico, pero recuperan la cordura y hacen lo que tienen que hacer”. “En este caso Schettino tuvo tiempo de sobra para superar el momento de pánico. Lo suyo fue pura cobardía”. AP,