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Ciudades que empiezan de cero

  • Actualizado: 14 enero 2017 /

Las ciudades de Brasilia, Dubai, Las Vegas y Osaka forman parte de un tándem de construcciones “artificiales” que han superado las barreras de la naturaleza y que constituyen un ejemplo de cómo para la arquitectura todavía no hay nada imposible.

    Brasilia, Brasil

    Las ciudades de Brasilia, Dubai, Las Vegas y Osaka forman parte de un tándem de construcciones “artificiales” que han superado las barreras de la naturaleza y que constituyen un ejemplo de cómo para la arquitectura todavía no hay nada imposible.

    El sueño de todo arquitecto ha sido y es construir a sus anchas. Desde que Las Vegas sentara las bases de las megaconstrucciones artificiales en territorio de nadie, otras ciudades han nacido para demostrar que la naturaleza ya no impide nada.

    El siglo XX trajo consigo la superación a las barreras naturales de aire, mar y tierra. Los macroproyectos de ocio son un ejemplo de ello y están a la orden del día. “Eurovegas”, la replica europea de Las Vegas, que albergará Madrid en un futuro próximo, se intentará conformar con ser la tercera en el ranking de las ciudades del “juego”.

    Ingenio
    La realidad va más allá de la ficción cuando hablamos de ciudades como Dubai y Japón, que han sorteado los obstáculos de la naturaleza para sus pretensiones urbanísticas.
    Macao y Las Vegas son por ahora el tandem de las mayores construcciones hoteleras del ocio. El sueño americano de Las Vegas, uno de los principales atractivos turísticos de EUA, lo componen sus casinos destellantes y sus hoteles evocando a los principales monumentos del mundo, como lo son la Torre Eiffel o las pirámides de Egipto.

    Por otra parte, una joven Ellen Page hacía realidad, eso sí en la ficción, la ambición de muchos arquitectos. En “Inception”, Leonardo DiCaprio, dejaba a la imaginación de una estudiante la construcción de una ciudad entera, que jugaba incluso con las leyes de la física.

    Pero la realidad va más allá de la ficción cuando hablamos de ciudades como Dubai y Japón, que han sorteado los obstáculos de la naturaleza para sus pretensiones urbanísticas.

    Imagen aérea de la autopista que conduce al aeropuerto internacional de Kansai, cerca de Osaka, Japón, construido sobre una isla artificial para hacer frente a la falta de espacio en el archipiélago nipón.
    Islas artificiales, de moda

    En el caso del Archipiélago, y como consecuencia de la falta de espacio terrestre en el país, se construyó una isla artificial para albergar en la bahía de Osaka el aeropuerto de Kansai, que fue inaugurado oficialmente en 1994.

    La terminal, diseñada por el arquitecto italiano Renzo Piano, Premio Pritzker en 1998, está unida a la ciudad nipona por un puente de cuatro kilómetros para tráfico rodado y ferrocarril, y tuvo que vérselas contra los frecuentes terremotos que azotan Japón, y que implicó una fuerte inversión en ingeniería civil.

    Una financiación que parece no tener límite en Dubai. Desde que la inmobiliaria Nakheel, filial del consorcio Dubai World, decidiera poner en marcha la “Palm Yumeiraah”, una isla artificial cercana a la costa con forma de palmera, el emirato no ha hecho nada más que demostrar que la arquitectura puede con todo.

    A ella se le sumaron más tarde los proyectos de crear dos réplicas y un controvertido archipiélago artificial llamado “The World Islands” que, junto a los rascacielos y hoteles, entre los que destaca el Burj Al Arab, situado también sobre una isla artificial, hacen de Dubai un horizonte al ras de las nubes.

    Fotografía de archivo del 21 de marzo de 2004 que muestra el aspecto de la isla artificial Palma, en Dubai, Emiratos Árabes.
    Ambición de américa del sur

    En América Latina es Brasilia quien se lleva la palma de la espontaneidad de la nueva arquitectura. El brasileño Oscar Niemeyer, discípulo del mismísimo Le Corbusier, tuvo la suerte de dibujar sobre plano la que sería la futura capital de su país, que más tarde sería declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

    Obras como el Palacio de Planalto (sede de la presidencia), el Palacio da Alvorada (residencia oficial), el complejo del Congreso Nacional, la Plaza de los Tres Poderes, el Palacio de Itamaraty (cancillería) y la catedral salieron de su mente. Una idea que se hizo realidad en los años 50 y que ahora conformaría con seguridad una posición de privilegio en la Exposición Internacional de Arquitectura que se celebra cada dos años en la bella Venecia, y donde se dan cita nuevas propuestas singulares en los ámbitos de la construcción y la arquitectura. EFE