África sigue siendo un continente de violencia. Aquí, la muerte siempre ha tenido un campo fértil. En ningún continente es más baja la expectativa de vida, en ninguna otra parte del mundo la mortalidad infantil es más alta. Sin embargo, no son menos espantosos los actos de violencia que desde tiempos inmemoriales han dejado un reguero de sangre en el continente negro.
El genocidio de Ruanda y el régimen despótico de Idi Amin en Uganda sólo son dos capítulos de la trágica historia del África moderna. Y el horror no cesa.Hasta el día de hoy, en la región fronteriza del este del Congo sigue imperando la brutal violencia y las poblaciones de Sudán o Somalia siguen sufriendo guerras civiles y guerras privadas.
En otros países, como Nigeria y Zimbabwe, la violencia muchas veces es el pan de cada día. Y en casi todos los países africanos la criminalidad violenta causa miedo y horror.
RaícesLa historia de África no es tan difícil de explicar: durante cientos de años, los colonialistas y los negreros, los “señores de la guerra” y los déspotas dejaron terribles huellas en la conciencia colectiva de la gente. Después de que los países africanos conquistaran su independencia, muchas veces tras largos años de lucha contra los colonialistas, casi en ninguno de ellos se estableció la paz, sino que en la mayoría de los casos comenzó un terrible derrumbe económico.Los caciquismos despóticos y corruptos, los golpes militares y las rebeliones siempre tenían una cosa en común: su víctima era la población civil.Los que más sufren son los niños y las mujeres de África.
Como siempre, los ejércitos privados reclutan a niños soldado y las mujeres son sometidas a todo tipo de vejámenes y abusos para aterrorizar a la población. Hace poco, la emisaria especial de las Naciones Unidas, Margot Wallström, calificó a la República Democrática del Congo como “capital mundial de las violaciones”.
Según la ONU, la situación de crisis en el África central es una de las catástrofes humanitarias más grandes del mundo.Sin embargo, la violencia amenaza también a las democracias que funcionan más o menos bien y a los países relativamente ricos.
El ejemplo más claro es Sudáfrica. Cada día son asesinadas en Sudáfrica unas 60 personas. Desde 1994, casi 330,000 sudafricanos -más que toda la población de Islandia- han sufrido una muerte violenta.Esta tasa de asesinatos está matando el idealismo de la gente, se lamenta el presidente del partido FF Plus, Pieter Mulder.
“Es una amenaza para nuestra democracia”, alertó recientemente el primer ministro de la provincia de Kwazulu-Natal, Zweli Mkhize. Los sudafricanos, sean blancos o negros, suelen decirles a los visitantes extranjeros que la criminalidad es una lacra mundial, que lo que pasa en Sudáfrica no es nada excepcional. Sin embargo, las cifras dicen otra cosa.
EnfermedadesEn África, el crimen organizado se ha expandido como el sida o la malaria.
Las estadísticas sólo reflejan una parte de la verdad. Según la ONU, faltan datos confiables y algunas cifras ni siquiera se conocen. Ya en 2005 un análisis realizado por Naciones Unidas llegó a la conclusión de que en toda África la criminalidad es un “gran problema”.
Según el estudio, en el continente negro se conjugan todos los factores que alimentan a los crímenes: una elevada desigualdad de ingresos, una población muy joven, un rápido proceso de urbanización, sistemas judiciales débiles y la gran proliferación de armas de fuego. Según la ONU, en África hace tiempo que desaparecieron las fronteras entre las guerras, el terrorismo y el crimen organizado.
Las consecuencias: una profunda sensación de inseguridad y el embrutecimiento de la población.Y el rito de la ablación, la cruel mutilación genital de millones de niñas en muchas regiones islámicas de África, ni siquiera entra en las estadísticas de la violencia.También se considera especialmente espantosa la violencia extrema con la que en África se cometen crímenes comunes.
Recientemente, unos ladrones hirieron de gravedad a un niño de un año de edad en Johannesburgo, al parecer porque estaba llorando.Pese a todos los logros, Sudáfrica, país que quisiera convertir en realidad el sueño de una convivencia fraternal entre las diferentes razas, aún dista mucho de ser una sociedad pacífica.