¿De verdad los genes tienen la última palabra sobre nuestra salud? Durante años se creyó que el ADN tenía la última palabra sobre nuestra salud.
Sin embargo, la epigenética ha abierto una nueva línea de investigación al demostrar que factores como la alimentación, la actividad física y otros hábitos pueden influir en la forma en que ciertos genes se expresan, sin modificar su estructura.
En el caso del cáncer de mama, los investigadores han identificado que estos cambios epigenéticos participan en procesos relacionados con el desarrollo de la enfermedad. Esto no significa que la genética deje de ser importante, sino que no actúa sola.
Los hábitos sí tienen un papel
La doctora Alicia Cerrato, subespecialista en Mastología y Cirugía Oncoplástica de Mamas, explica que los hábitos no pueden cambiar los genes con los que nacemos ni eliminar por completo el riesgo de padecer cáncer de mama. Sin embargo, sí pueden influir en factores que aumentan o reducen las probabilidades de desarrollar la enfermedad.
Según la Sociedad Americana del Cáncer, cerca de tres de cada diez casos están asociados a factores modificables. Entre las principales recomendaciones destacan mantener un peso saludable, realizar actividad física regularmente, evitar el consumo de alcohol, no fumar cuando sea posible y amamantar.
"El ejercicio es uno de los factores protectores mejor documentados. Ayuda a regular el peso, las hormonas y el metabolismo. Se recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de actividad moderada", señala la especialista.
Respecto a la alimentación, recomienda una dieta basada en frutas, verduras, legumbres y granos integrales, reduciendo los alimentos ultraprocesados y las carnes procesadas. Además, enfatiza que "no existe ningún alimento milagroso que prevenga o cure el cáncer".
La obesidad también figura entre los factores de riesgo más importantes, especialmente después de la menopausia. Según la doctora, el exceso de grasa corporal favorece una mayor producción de estrógenos, además de incrementar la inflamación y los niveles de insulina, condiciones asociadas al desarrollo del cáncer de mama.
Estrés, sueño y salud integral
Hasta hoy no hay evidencia sólida de que el estrés por sí solo cause cáncer de mama. Sin embargo, el estrés y el mal descanso suelen llevar a hábitos que sí aumentan el riesgo, como comer peor, moverse menos o beber más alcohol.
"En cuanto al sueño, la Organización Mundial de la Salud (OMS/IARC) considera el trabajo nocturno como un factor asociado a un probable aumento del riesgo de cáncer", señala la doctora.
Otro de los mitos más comunes es creer que solo las mujeres con antecedentes familiares pueden desarrollar la enfermedad. "Es un mito peligroso. Alrededor del 80 % de las mujeres diagnosticadas no tiene antecedentes familiares", afirma.
La principal recomendación sigue siendo la detección temprana. La doctora insiste en la importancia de realizar controles médicos anuales y mamografías a partir de los 40 años, o antes si existen factores de riesgo específicos.
"No podemos cambiar el ADN con el que nacemos, pero sí podemos adoptar hábitos que favorezcan nuestra salud. Caminar 30 minutos al día ya puede marcar una diferencia", concluye la especialista.
Señales de alerta
¿Cuándo consultar al médico? Algunos cambios en las mamas no deben pasarse por alto. Esté atenta a estas señales de alerta:
Bultos en la mama o axila, cambios en la forma o tamaño de la mama, alteraciones en la piel o el pezón, secreción por el pezón y dolor persistente en una zona específica.
La detección temprana puede marcar la diferencia. Ante cualquiera de estos síntomas, consulte a un profesional de la salud.
Genes y estilo de vida
La especialista recuerda que, aunque no es posible elegir la carga genética con la que se nace, sí se pueden adoptar hábitos que favorezcan una mejor salud a largo plazo. Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, dormir entre siete y nueve horas diarias, controlar el estrés y conservar un peso saludable son acciones que contribuyen a reducir el riesgo de enfermedades como el cáncer y mejorar la calidad de vida.