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Dos historias de dolor que dejó el huracán Mitch en Honduras

El alcalde de Tegucigalpa, César Castellanos Madrid, murió en un accidente de helicóptero cuando inspeccionaba las zonas dañadas por el huracán Mitch.

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La madrugada del 1 de noviembre, el alcalde César Castellanos inspeccionó los daños en las colonias más afectadas por el Mitch y por la tarde decidió sobrevolar en un helicóptero el área de los mercados, donde se había formado un enorme dique. Minutos después falleció. Fotografías AFP, Andro Rodríguez, Archivo LP
La madrugada del 1 de noviembre, el alcalde César Castellanos inspeccionó los daños en las colonias más afectadas por el Mitch y por la tarde decidió sobrevolar en un helicóptero el área de los mercados, donde se había formado un enorme dique. Minutos después falleció. Fotografías AFP, Andro Rodríguez, Archivo LP

Tegucigalpa, Honduras

“No es momento para celebrar, la gente está sufriendo allá afuera, vamos todos a servir a nuestro pueblo”. Con estas palabras, el alcalde de Tegucigalpa, capital de Honduras, César Castellanos Madrid arengó a sus colaboradores y frustró la intención de celebrarle con un pastel su cumpleaños 50 la mañana de ese fatídico domingo 1 de noviembre de 1998.

Horas después, al filo de las cuatro de la tarde, el helicóptero tipo burbuja, en el que el popular jefe edilicio inspeccionaba las zonas devastadas por el huracán Mitch en la capital, se precipitaba a tierra en el bulevar Fuerzas Armadas, en las cercanías de la colonia Las Brisas de Comayagüela.

Castellanos , el jefe de infraestructura municipal, un camarógrafo y el piloto de la aeronave perecieron instantáneamente. La noticia cayó como mazazo sobre la desmoralizada población capitalina, que apenas empezaba a contar a sus muertos y tomaba conciencia de la magnitud de la tragedia dejada por el meteoro la noche anterior.

En ese momento, el “Gordito” Castellanos se perfilaba como el seguro candidato presidencial del Partido Nacional y el más fuerte aspirante a suceder al entonces presidente liberal Carlos Roberto Flores Facussé.

Su hijo César Castellanos lo recuerda todos los días y desde hace 20 años visita su tumba en Jardines de Paz Suyapa para colocar un ramo de flores.

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César Castellanos (hijo) visita la tumba de su padre para depositar un ramo de flores. Dice que es difícil superar el fallecimiento de su progenitor.

En su cuenta de redes sociales tiene como perfil la fotografía y el video del single que lo hizo famoso en la campaña para la alcaldía de la capital con aquella famosa tonada de un grupo de niños: “Si yo pudiera votar, votaría por el Gordito, el Gordito es mi amigo...”.

César recuerda que aquella fatídica mañana de noviembre su padre se reunió con su equipo de trabajo y pidió que no le celebraran el cumpleaños.

“Ese día después de tanta lluvia que cayó entre el 25 de octubre y 1 de noviembre y al ver la catástrofe que había ocurrido unas noches antes, él llegó al plantel de la 21 de Octubre, donde los empleados tenían un pequeño convivio, pero él les dijo: Por qué están celebrando si el pueblo está sufriendo, nuestro deber está allá afuera, así que, señores, no hay celebración alguna y vamos todos a servir a nuestros conciudadanos”. Inmediatamente giró instrucciones para que llamaran a todos los contratistas y los convencieran para que comenzaran a remover los escombros. La Municipalidad les pagaría posteriormente.

Recuerda que la muerte de su padre representó un impacto enorme y doloroso en vista de que era el líder y la columna vertebral de toda la familia por ser único hijo varón.

“Fue devastador, todavía nos parece que fue ayer, pero tengo que decirle que Dios nos ha bendecido en ese sentido. Ya han pasado 20 años y la gente lo recuerda con mucho cariño. Todavía recibo para estas fechas notas de amigos y gente en el exterior que lo recuerdan”, dice.

Al doctor Castellanos le sobreviven sus hijos César, fruto de una primera relación, Carlos Andrés, Jorge Arturo, Luis Fernando y Mario Guillermo, procreados con la odontóloga Vilma Reyes, quien ahora reside en Estados Unidos. Su esposa Vilma lo sustituyó en el cargo como alcalde en los tres años que le restaban de su mandato.

Tragedia
Jorge “Cocoy” Abudoj, empresario y expresidente de la Federación Nacional Autónoma de Fútbol de Honduras (Fenafuth), recuerda con tristeza la noche del 30 de octubre, cuando inesperadamente el Mitch le arrebató a su madre Carlota y a su hermano Omar Abudoj.

Las alertas llegaron tarde, asegura. Los habitantes de la colonia El Prado (un lugar que nunca formó parte de las zonas en riesgo) sufrieron por la furia del Mitch. No perdonó y la inundó. Anegó por completo la vivienda donde residía su madre. Ella se ahogó cuando intentaba refugiarse en el cuarto de huéspedes.

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Jorge Abudoj, expresidente de Fenafuth, narra el drama que vivió con su madre y hermano durante el Mitch.

“Siempre recuerdo ese día, nunca imaginé que esa tragedia ocurriera. Salí de la empresa a las seis de la tarde y vi el río crecido. Pasé por el puente y llamé a mi mamá. No había celulares, la llamé al teléfono fijo y le advertí del río. Le dije que mejor se saliera y se vinieran a mi casa en la Miramontes, pero me dijo que estaban bien. A las ocho de la noche la volví a llamar y no me respondíó”, relata Abudoj.

Un mal presentimiento lo hizo salir de la casa en medio de la fuerte lluvia que azotaba la ciudad. Abordó su carro cuatro por cuatro y, a los minutos, encontró una inundación a una cuadra del semáforo de la colonia El Prado. No logró cruzar. Entonces decidió ir al Cuerpo de Bomberos del Estadio Nacional.

Llegó y pidió la ayuda. A bordo de una volqueta con siete bomberos llegó a la casa de su madre, pero antes se sumergieron en el agua y el lodo, usaron lazos y se agarraron de los postes. Jamás dejaron de avanzar.

Estuve metido en el agua hasta las cinco de la mañana, pasé toda la noche y arriesgué mi vida, pero no pensaba nada más que en llegar y ver a mi mamá y mi hermano. La casa era de dos plantas, se inundó. Ingresé, pasé por la cocina, fui al pasillo y no los hallé en ninguno de los tres cuartos. Me frustré, pensé que estarían en la casa de otro familiar. Regresé por mi carro y me fui a mi casa.

Empecé a monitorear para encontrar a mis parientes. Fue hasta las seis de la tarde que, con mis trabajadores, los hallé en el cuarto de visitas. Es algo horrible, espantoso que no logro olvidar. Desde su muerte jamás he vuelto a pasar por la colonia El Prado porque aún me duele esa tragedia”, expresa Abudoj.

La impotencia y el dolor están presentes en su vida, recuerda Abudoj. La tragedia del Mitch lo marcó y le llevó lo que más amaba.