Más noticias

Huracán Mitch: la tragedia más grande del siglo XX en Honduras

Veinte años después, Diario LA PRENSA regresa y recorre los lugares devastados por el Mitch para conocer la vulnerabilidad y los riesgos de Honduras frente a nuevos eventos climatológicos.

VER MÁS FOTOS
El poderoso huracán Mith impactó Honduras hace 20 años. El ciclón categoría 5 dejó 5,677 muertos en el país y 9,086 muertos en Centroamérica, México y Estados Unidos. / Fotos AFP, Yoseph Amaya, Melvin Cubas, Franklin Munoz, archivo LA PRENSA.

Muy lejos de Tegucigalpa, capital de Honduras, a unos 8,903 kilómetros de distancia, exactamente en las aguas cálidas del mar de Costa de Marfil (África), comenzó a gestarse (entre el 8 y 9 de octubre de 1998) una onda tropical que, con el transcurrir de los días, se convirtió en una tormenta y finalmente (24 de octubre) en un poderoso y catastrófico huracán.

Con vientos de más de 250 kilómetros por hora y con lluvias que descargaron hasta 35.89 pulgadas, el Mitch se aproximó el 27 de octubre a Islas de la Bahía y, durante tres días y tres noches (27, 28, 29 de octubre), se mantuvo estacionario haciendo estragos.

“Se ensaña Mitch”, anunció Diario LA PRENSA en su portada del 28 de octubre, y en la misma plana advirtió que “Guanaja y la costa norte de Roatán (estaban) arrasadas”.

Veinte años después, Ivan Moore, habitante de Mangrove Bight, Guanaja, evoca los momentos dramáticos y relata ante LA PRENSA que “el Mitch desató vientos de una fuerza exagerada y olas muy altas”.

Mitch Honduras1(1024x768)
13 de noviembre de 1998. TEGUCIGALPA: Fotografía tomada 12 días después de que el río Choluteca anegara las calles céntricas, como la segunda y tercera avenida, frente a la Secretaría de Educación.

“La isla quedó devastada. Luego del huracán, los primeros pilotos que empezaron a sobrevolar dijeron que tuvieron que pasar tres o cuatro veces. La destrucción era tan grande que no reconocían a Guanaja”, dice.

La noche del 28 de octubre, a 62.9 kilómetros de Mangrove Bight, muchos habitantes de Santa Rosa de Aguán, Colón, intentaron escapar de la muerte y otros, entre la estupefacción y el terror, observaron cómo familiares, amistades y sus viviendas eran succionadas por las aguas del río Aguán.

“Mi hijo se ahogó cuando rescataba a unas personas de una casa que había quedado en medio del agua”, dice Jeffrey Bowman, esposo de Silvia Beatriz, vicealcaldesa del municipio en el momento de la tragedia.

El profesor Larry (de 20 años) hijo de Jeffrey y Silvia, desapareció con más de 37 personas en el mar instantes después de ser arrastrados por el río que, desde entonces, mantiene más aislado a Santa Rosa de Aguán.

En el valle de Sula, los ríos Chamelecón y Ulúa anegaron las zonas bajas de Choloma, El Progreso, Puerto Cortés, San Pedro Sula y La Lima, incluso, inundaron el aeropuerto Ramón Villeda Morales.

Cuando sucedió el Mitch yo tenía 29 años. Todo el pueblo se inundó. Mucha gente tuvo que salir en lanchas y otras personas estuvieron en los techos

Alba Medina, comerciante de Baracoa, Puerto Cortés

En 2018, los hondureños desconocen la cifra exacta de las víctimas. Sin embargo, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, en un informe revisado en mayo 2000, consignó 5,677 muertos.

VARIOS FENÓMENOS
Según el Índice Mundial de Riesgo, creado por el Instituto de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Seguridad Humana, Honduras se encuentra en la posición 31 en una lista de 171 país, encabezada por Vanuatu, Tonga, Filipinas y Guatemala.

Con esa cifra, Honduras encabezó la lista de países con más pérdidas humanas. En toda la región (Centroamérica, México y Estados Unidos) murieron 9,086. Para el Centro Nacional de Huracanes, “esto hace a Mitch uno de los ciclones tropicales más mortíferos (...), solo por debajo del gran huracán de 1780 en las Antillas Menores, comparable con el de Galveston de 1900, y el huracán Fifí de 1974”.

Durante 20 años. A causa de Mitch, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), “la actividad económica registró un retroceso de 2%. La contracción se concentró en el sector agropecuario, en especial en la producción de banano”.
El producto interno bruto (PIB), que creció en 1997 (5%), se redujo en 1998 (3.9%) y cayó a una posición negativa en 1999 (-2%).

Tegucigalpa Mitch(1024x768)
13 de noviembre de 1998. TEGUCIGALPA: Una vez que desaparecieron las inundaciones, toneladas de lodo y escombros quedaron en las calles de la capital de Honduras.

En 1999, el Banco Central de Honduras (BCH) contabilizó una deuda externa pública de $4,240.3 millones con organismos multilaterales y acreedores bilaterales (España, Estados Unidos, Italia, Japón y otros países).

En medio de la destrucción, el Gobierno de Carlos Flores (1998-2002) comenzó cabildeos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial (BM) con el objetivo de entrar a la Iniciativa de Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC).

En marzo de 2005, durante la administración de Ricardo Maduro (2002-2006), el FMI anunció que Honduras, luego de reducir la pobreza extrema de 49% (2000) a 44.6% (2004), se convirtió en “elegible” para ser beneficiado con una condonación parcial de la deuda por medio de la HIPC.

En los años siguientes, los acreedores le perdonaron parte del saldo y en 2007 registró la deuda más baja de la historia ($1,853 millones). Más tarde, los nuevos Gobiernos la elevaron a $7,068.3 (hasta agosto de 2018, según el BCH).

Pese a que lograron la condonación a la sombra del Mitch y con una balanza de pagos menos presionada (con amortizaciones de capital e intereses inferiores), los Gobiernos no invirtieron en infraestructura para mermar la vulnerabilidad del país y reducir el riesgo catastrófico frente a amenazas naturales.

Morolica Mitch(1024x768)
30 de octubre de 1998. MOROLICA: Las aguas de los ríos Choluteca y Texíguat borraron del mapa a este municipio en el sur de Honduras.
ANTE UN HURACÁN
Honduras encabeza el Índice de Riesgo Climático de la organización alemana Germanwatch. Figura en esta lista por haber sido uno de los más afectados por fenómenos atmosféricos catastróficos (como el Mitch) entre 1995 y 2014. Después de Honduras, está Myanmar, Haití y Filipinas.

La administración Maduro es la excepción. Para proteger a La Lima y parte de San Pedro Sula construyó en Cortés el Canal Maya (evacua más de 750 metros cúbicos de agua por segundo cuando el río Chamelecón crece).

Aunque había un contrato firmado con la empresa brasileña Odebrecht, los últimos Gobiernos no lograron edificar las represas Los Llanitos y Jicatuyo en el río Ulúa con las cuales reducirían las inundaciones en el valle de Sula.

Esperando un huracán. En Pespire, sentado en una acera, desde donde observa su vivienda, José Pascual Amador (de 92 años) piensa que tarde o temprano “va a llegar otro Mitch y no estamos preparados”.

“Aquí resultó afectada la parte baja del pueblo. La casa mía solo tuvo problemas en una pared”, dice. “He vivido varias llenas. Se dan cada cierto tiempo. Hace 20 años sucedió el Mitch ahora hay que esperar otro huracán”, relata.

Mary Flakes de Flores y Tipper Gore(1024x768)
10 de noviembre de 1998. TEGUCIGALPA: Mary de Flores, ex primera dama de Honduras, y Tipper Gore, esposa de Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos (1993-2001), visitaron en noviembre de 1998 las zonas afectadas por las inundaciones causadas por el río Choluteca en Tegucigalpa.

Cada 20 años y 5 meses, en promedio, un fenómeno atmosférico ha provocado grandes inundaciones: en 1916 (en Ocotepeque), 1935 (en zona norte), 1954 (huracán Ana afectó a La Lima), 1974 (Fifí a Choloma) y 1998 (Mitch).

Clave
1. Próximos años
En la medida que se incremente la temperatura de la superficie del mar aumentarán las probabilidades de formación de más huracanes categoría 5, como el Mitch.

Marlon Escoto, delegado presidencial del Cambio Climático, cree que Honduras puede ser embestido por otro huracán en cualquier momento. “Estamos entre los tres países más vulnerables frente al cambio climático causado por el calentamiento global”, argumenta.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advirtió que los países deben reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) para que el calentamiento global llegue a 1.5 grados Celsius y no a 2 grados en 2030.