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Mitch: el potente huracán que Tegucigalpa jamás olvidará

El Mitch dejó una lección, sin embargo, otro fenómeno similar sería devastador para la capital, reconocen las autoridades gubernamentales

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La Hoya. La crecida inusitada del río Chiquito obligó a evacuar a los reos de la antigua Penitenciaría Central. Fotografías AFP
La Hoya. La crecida inusitada del río Chiquito obligó a evacuar a los reos de la antigua Penitenciaría Central. Fotografías AFP

Tegucigalpa, Honduras

“Me paraba en los muertos que quedaron en el mar que se formó alrededor de los mercados de Comayagüela. Quería llegar a mi puesto para recuperar algo de la mercadería. Todo era un caos. Mientras miraba cómo llegaba, vi un helicóptero por el Instituto Hibueras que transportaba a los muertos. Viví la peor angustia de mi vida y, aunque han pasado 20 años, aún no me recupero y revivo siempre esa tragedia en el mes de octubre”. Así relató Jackeline Maldonado a LA PRENSA esas horas aciagas de la noche que el huracán Mitch devastó a Tegucigalpa.

Jackeline y su familia no olvidan ese 31 de octubre de 1998, cuando lo perdieron todo. Su puesto de ventas en el mercado Álvarez, donde tenía una pequeña ferretería, quedó en la nada: anegado y cubierto completamente de lodo.

Cuando el dique (formado entre la primera y sexta avenida de Comayagüela) se rompió, el agua y el lodo se llevaron a su paso todo lo que encontraron y la gente a lo lejos solo contempló automóviles, refrigeradoras, mercadería y personas que la corriente arrastró.

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El río Choluteca creció tanto que inundó el puente Mallol y la primera avenida de la capital.

“Todos los niños que dormían en los mercados se ahogaron. Nunca se sabrá de verdad cuánta gente murió ni la cantidad de personas que desaparecieron. El Mitch fue una verdadera tragedia que nos marcó la vida”, relata Maldonado.

Nolvia Álvarez no termina de reponerse emocionalmente de esa tragedia. Relata que el susto la sobresalta y aún despierta por las noches casi con la misma angustia que vivió cuando el cerro El Berrinche se vino encima.

Ella residía en la colonia Soto, que desapareció tras ser arropada por el lodo deslizado desde el cerro. Pese al terror avasallador de aquel 27 de octubre de 1998, asegura que sacó fuerzas de flaquezas para ayudar a sus vecinos a salvarse.

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El presidente de Honduras, Carlos Roberto Flores, recibió la visita del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, y recorrieron las zonas devastadas por el huracán Mitch en Tegucigalpa. El Gobierno de EEUU destinó fondos para la reconstrucción.

“Es una experiencia dura. Solo escuchaba los gritos, veía a la gente cómo quedaba atrapada por el alud de tierra y otras arrastradas por el agua. Solo ayudamos a los que tuvieron tiempo para salir y sacar algunas cosas. Quedamos incomunicados. Yo perdí todo y no quiero volver a vivir esa página triste que nos dejó el Mitch”, expresa.

Pese a que el ojo del Mitch pasó a 15 millas de la capital, el poder de las pertinaces lluvias del huracán provocaron que los ríos se desbordaran, destruyeran vecindarios enteros e inundaran varias zonas insospechadas de la ciudad.

El río Choluteca y sus afluentes destruyeron mercados, negocios, oficinas del Gobierno y viviendas. Unos 91 barrios y colonias resultaron gravemente perjudicados.

“Eran como escenas de una película de terror. En el puente Mallol abundaban los zopilotes por los muertos que el huracán dejó. Había muchos muertos en el cauce del río Choluteca. Desde allí se veía la devastación, había agua por todas partes. Se derrumbaron laderas enteras y arrastraron casas y puentes. El agua tenía una fuerza nunca antes vista”, dice Norma Canales, vendedora del mercado San Isidro.

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1-11-98 Devastación: Al fondo, una vista de la primera avenida tomada desde el puente La Isla.

En esta zona, el Ministerio de Educación, ubicado en la tercera avenida, quedó aterrado. El resto de edificios y casas en la zona sepultadas bajo toneladas de lodo. La furia de Mitch acabó también con los barrios La Hoya, Abajo, El Jazmín, El Edén, donde aún hay huellas de su paso. Los propietarios nunca restauraron algunas edificaciones y ahora sobresalen para recordar lo ocurrido entre el 27 de octubre y 2 de noviembre de 1998 en el Distrito Central.

Antes de esa fatídica madrugada del 31 de octubre de 1998, los escépticos capitalinos creían que el Mitch solo iba a afectar a la zona atlántica y sur del país, pero los sorprendió, los agarró desprevenidos.

Ese fenómeno causó la muerte de hombres, mujeres y niños. Hasta el 1 de noviembre solo en Tegucigalpa la Comisión Permanente de

Contingencias (Copeco) registró 131 muertos...

Las instituciones estatales y civiles que, en ese momento se esforzaron para afrontar la tragedia, hasta ahora no tienen una información exacta, completa, sobre los daños que sufrió Tegucigalpa por causa del Mitch.

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Es un recuerdo que permanece intacto, como si lo estuviera viviendo
Nolvia Álvarez, Capitalina

El Banco Mundial (BM) cuantifica los daños materiales registrados en Tegucigalpa entre los $410 millones y $760 millones.

El Mitch, sin duda, desnudó el nivel de vulnerabilidad de lacapital, especialmente el de las zonas donde varios miles de hondureños han construido sin control, pese a que existen fallas geológicas y un alto nivel de riesgo por el tipo de terreno, estima Lisandro Rosales, titular de Copeco

“Gran parte de los capitalinos entendieron el riesgo que representa vivir en esas zonas y lo mejor sería que abandonaran esos lugares, pero entendemos que algunos se resisten por lo mucho que les costó hacer sus casas y comprar lo que tienen”, considera.

Rosales es consciente y advierte que el “Mitch dejó una lección y es tiempo de avanzar con planes de reubicación a mediano plazo”, A su criterio “no se puede continuar con la zozobra y, además, gastando recursos en atender emergencias. Lo prudente es invertir en prevención y hacer gestión de riesgo”.

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Octubre representa para nosotros el mes de la tragedia, de luto y dolor
Jackeline Maldonado, Capitalina

Está claro que de ocurrir otro huracán similar al Mitch, la capital se encontrará en un escenario trágico, pero las autoridades aseguran que están mejor preparadas.

“Hemos trabajado en planes de emergencia para evitar la muerte de personas en esas zonas y, además, ha cambiado la actitud de los ciudadanos frente al riesgo, ellos asumen su responsabilidad colaborando con las autoridades y los cuerpos de socorro para minimizar el peligro”, asegura el comisionado.

Pese a que han transcurrido 20 años, Mitch sigue presente en la mente de los capitalinos que aún reviven cada escena que les dejó aquel octubre. No solo provocó pérdidas materiales y humanas, causó un daño emocional del cual aún no se reponen.