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Sobreviviente: ‘No sé porque dicen que el fuego inició en la celda 6’

  • Actualizado: 21 febrero 2012 /

Un sobreviviente al incendio del penal relata cómo fue el día antes, durante y después de la tragedia

Nadie está preparado para morir, nadie está listo para perder a un ser querido, pero la vida es impredecible y puede cambiar en un momento y dejarnos sin opción de elegir.

Por causa del incendio del pasado martes en la granja penal de Comayagua 359 personas murieron y la existencia de quienes sobrevivieron a la tragedia cambió para siempre.

Las hipótesis de los investigadores, las teorías de las autoridades, las autopsias y los informes que resulten de los estudios hechos en el lugar del siniestro quizás ayuden a que se aclare el incidente, pero jamás podrán hacer que alguien entienda lo que sintieron quienes estuvieron atrapados ahí esa noche.

¿Qué pasó por sus mentes? ¿Cómo se vive después de una experiencia así?

Solo escuchando a alguien que logró escapar de la muerte se puede comprender lo que se vivió en ese incendio.

Aún hospitalizado, un privado de libertad que estaba en la celda seis donde inició el fuego cuenta que no se imaginó que ese Día del amor y la amistad se convertiría en el peor de sus días.

A continuación narra cómo transcurrió ese martes hasta que el fuego tocó la puerta...

“Perdí un hermano, un primo y un cuñado, que es hermano de la esposa que tengo, hemos perdido todo, ese martes había sido un día normal, pero terminó en la peor tragedia.

Me desperté a la misma hora de siempre, me alisté y ese día me la pasé arreglando atarrayas, redes de pescar, que es lo que hago. Aunque era 14 de febrero, no era día de visitas, así que yo lo había pasado con mi mujer el domingo 12, ella me trajo a mi niña chiquita, que solo tiene 4 meses, y aquí lo pasamos juntos. Los sábados y domingos se quedaba, la mujer se puede quedar con uno, pero no con niños, por eso ella se tuvo que ir, porque la niña solo come de pecho ahorita, pero igual la pasamos bien bonito.

Ella nunca falla en venir, ni un día de visita. De Día del amor le di un pantalón a mi esposa y 200 lempiras para que le comprara algo a mi niña.

Ese martes del incendio estuve un rato viendo noticias, y platiqué con mi hermano como a las 10 de la mañana, le invité un fresco y ahí estuvimos un rato.

También pasé ordenando en la celda. Es que ahí adentro, en el presidio, es como una ciudad, hay billar, venden comida, uno puede ir a la bartolina de otro y ponerse a platicar, pero en el día, a las 6 de la tarde uno ya tiene que volver a la celda, y salir hasta las 6 de la mañana del siguiente día.

A la hora de volver a la celda ahí nos poníamos a hablar, a ver televisión o contar chistes.

Ese día del fuego, lo que hicimos fue estar viendo unas novelas de Telemundo, vimos dos: “Una Maid en Manhattan” y Flor Salvaje”.

Yo hasta las 8 de la noche hablé con mi mujer ese día por celular, y ya después, como en el presidio hay una ley que ya a las 9 de la noche todos tenemos que apagar los aparatos y estar dormidos, pues me dormí porque a mí a esa hora ya me daba sueño.

Cuando me levanté ya vi aquel desastre, había fuego por todos lados.

Como a dos camas de la salida de la celda dormía yo, pero al ver las llamaradas me tiré de pecho y me acurruqué en el suelo, miraba que todo se quemaba y pensé que iba a morirme ahí, pero de pronto pasó el “Chaparro” y abrió a golpes el candado, a ese hombre yo le debo la vida, le agradezco. Nos salvamos poquitos de esa celda, porque ya estaban quemados casi todos.

Yo salí corriendo y me trepé a la pared del presidio y salté, cuando caí me quebré, y ya no pude levantarme aunque traté, entonces me arrastré hasta quedar debajo de un árbol.

Mientras me trataba de salvar ni sentía todo lo que me había quemado, me di cuenta hasta después.

De tanto que grité no podía hablar después, pero lo que no olvido son los gritos de los otros, la gente quemándose, a veces se me viene a la mente todo eso de repente, es algo horrible.

Tengo 5 años de estar preso, pero solo tenía tres meses de estar en esa celda 6, ahora solo pienso que se murió toda la gente con la que comía y hablaba, porque en la cárcel los compañeros del hogar, de la celda, son como la familia de uno, y los de las otras bartolinas son como los vecinos. Yo me llevaba con todo mundo, y ahora hay tantos de ellos muertos, para nosotros este tiempo es una segunda oportunidad de vida.

Al día siguiente me trajeron al hospital y aquí me están curando, mi mamá no sabe nada, está viejita y está enferma del corazón, si le cuentan se muere, porque hace poco la operaron...

Aquí al hospital me viene a ver mi mujer, pero no sube a la niña a este piso porque está muy chiquita y se puede enfermar con una infección, pero cuando se va mi mujer las miro a las dos desde la ventana y me dicen adiós.

Yo trato de pensar en lo que pasó, pero ahora escucho que mucha gente dice que empezó el fuego en la celda 6, pero cuando yo desperté todas estaban llenas de fuego ya, así que no sé por qué dicen eso.

Me falta un año para salir, solo espero que el Gobierno me dé la oportunidad de salir, no quiero volver a ese lugar, no quiero volver.

Atenciones hospitalarias

Dinora Mayes, directora del hospital Santa Teresa, informó que con apoyo del personal del sanatorio se han atendido unos 200 reos afectados por quemaduras graves o leves y lesiones.

Los casos más severos por quemaduras fueron 24, de los cuales nueve fueron enviados a Tegucigalpa, el resto fueron tratados en el centro hospitalario de Comayagua. “Nosotros conformamos un equipo para tratar a los privados de libertad, sea a nivel de hospitalización o de forma ambulatoria.

Los reclusos que han sido asistidos en el interior del centro penitenciario, en caso de mostrar alguna infección mayor son trasladados al hospital.

Cada día nos remiten entre uno y dos casos de privados de libertad que presentan una descompensación por las heridas, pero luego de ser asistidos son retornados a las celdas”.

Dijo que unas 15 personas conforman la brigada médica del hospital que a diario se ha desplazado al centro penitenciario para apoyar a los internos con la asistencia sanitaria.

También se ha facilitado la permanencia de una ambulancia en la zona. En las últimas horas, cuatro de los reos que habían sido hospitalizados desde el pasado martes fueron dados de alta.

“Desde el momento del incendio hemos mantenido unos cinco hospitalizados de forma permanente, pues cuando salen unos recibimos otros que requieren de una vigilancia permanente”, aseguró la doctora.

“Nos dejaron a nuestra suerte”

Otro preso que estaba recluido en la celda 5 relató cómo fue su 14 de febrero, en el que se había propuesto no estar triste por estar en prisión.

“Para muchos fue el Día del amor y la amistad, para nosotros solo fue pérdida.

¿Comó se va a despertar uno y llegar a imaginarse esa tragedia?”, preguntó.

“Ese día lo quería pasar tranquilo, ya sabía que no vería a mi familia porque no es día de visitas, así que estuve entre amigos platicando hasta que llegó la hora de dormir”.

El prisionero de la bartolina 5 detalló cómo vivió el momento del incendio cuando las otras celdas estaban en llamas. “Yo miraba desde el frente, y vi que las celdas 6, 7 y 8 ya estaban llenas de fuego. Estuvimos a punto de morirnos ahí, pero salimos por el techo. Ahora al menos podemos estar aquí, aunque nos dejaron a nuestra suerte en medio de ese fuego”, contó al recordar la inolvidable trágica noche.

“La gente gritaba, nadie sabía qué hacer”

La mayoría de presidiarios ahora prefiere que se omitan sus nombres,

un sobreviviente de la celda 10 no es la excepción, aunque accedió a relatar su experiencia en el trágico incendio del penal de Comayagua.

“El fuego estaba por todos lados, había una exageración de humo que no dejaba ni respirar. La gente gritaba y nadie sabía qué hacer, yo cuando al fin pude salir busqué por dónde escaparme, la verdad no me fijé adonde estaban los otros, y hasta los días siguientes en las noticias supe quién se había salvado y quién había muerto”.

Agregó que si lo dejan salir después de haber sobrevivido al voraz incendio tratará de rehacer su vida.

“Yo solo espero que las autoridades vean que uno ahí adentro está expuesto a morirse, porque tienen demasiada gente adentro, ya ni cabemos, pero a ellos no les importa porque parece que no somos gente y no tenemos derechos”.