Su lucha por modernizar la educación superior en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah) desde el 2009, hizo que Julieta Castellanos, rectora de este ente, ganara más notoriedad y respeto de muchos hondureños.
Pero su mayor reto y liderazgo surgió el 22 de octubre de 2012, día en que su hijo Alejandro Vargas (22) fue asesinado por policías. Desde ese momento comenzó su contienda contra la impunidad y destapó la corrupción en este ente de seguridad. A más de dos años de este hecho que le cambió la vida, Castellanos sigue velando por los avances educativos en la Alma Máter y lamenta los pocos resultados de la depuración policial, que comenzó a raíz de la muerte de su hijo.
Hay varias áreas de avance. Pero es muy importante comenzar con el restablecimiento de la credibilidad, tanto nacional como internacional, de la institución que está en un proceso de reforma con resultados tangibles, que se pueden constatar en la cantidad de convenios que se están firmando con otras universidades norteamericanas, centroamericanas y europeas para hacer proyectos de investigación científica.
Los cambios en este momento son una consolidación de los centros regionales, especialmente en el Valle de Sula. En este centro estamos con una inversión de 280 millones para el área de la salud y estamos en el proceso de gestión de un financiamiento de 66 millones de euros para el área de ingeniería y las carreras técnicas. Luego los otros centros regionales también estamos en el proceso de redefinición abriendo nuevas carreras.
No, ya estoy en mi segundo período. Este es un tema que genera mucha polémica. Yo estaré hasta 2017 que termina mi segunda gestión.
Sí, hay un nivel de satisfacción porque siento el reconocimiento de amplios sectores universitarios que valoran lo que ha pasado con la universidad y también de sectores nacionales académicos y no académicos, al igual que sectores internacionales.
En realidad el sindicato se corrompió, perdió el rumbo, dejó de representar los intereses de los trabajadores universitarios y se convirtió en una organización gremial antidemocrática. El sindicato recibe una cantidad considerable mensual de recursos que supera el millón de lempiras y nunca da cuentas de cómo gasta sus fondos. Creo que todo eso fue cayendo en un descrédito.
No me siento como una mujer influyente, ni lo siento como una carga. Siempre he sido una persona entregada a mi trabajo, de convicciones democráticas y respetuosa de las demás personas. Parto del criterio de que uno está obligado a entregar las instituciones mejores de cómo las recibe, es un fracaso para un funcionario entregar una institución en quiebra.
No pienso mucho a largo plazo. Pero he sido profesora siempre, también investigadora y consultora. Probablemente me dedique al ejercicio privado de la investigación científica.
En lo absoluto, no.
No creo que nadie me lo ofrezca. Y si me la ofrecieran tampoco la aceptaría.
He votado por varios partidos a nivel presidencial.
En cuanto a las diputaciones cruzo mi voto, porque en todos los partidos políticos hay gente honorable, que quiere al país y que quiere hacer lo mejor. Yo voy por candidatos, no por partido.
Miro un Gobierno que toma decisiones y que asume riesgos. El presidente Juan Orlando, por lo menos en el tema universitario, fue un impulsor de la reforma como lo fueron los cinco partidos políticos. Creo que es una persona que cree en sus convicciones y las muestra.
Miro decisiones importantes y difíciles que otros Gobiernos vacilaron en tomarlas, por eso digo que asume riesgos. Ojalá que las determinaciones que se están tomando den resultados. El país tiene un nivel de complejidad enorme, no solo en el tema de crimen organizado, sino también con el delito común.
Ese ha sido un problema mucho más silencioso, con resultados menos visibles, con muchas dudas y reservas, con decisiones que no son tan claras. Ahora hay un cambio, esperamos a ver qué pasa. Siempre es un tema sensible en todos los países, la Policía es un poder que si no se controla, el Gobierno puede convertirse en un rehén de ellos y eso no es posible.
Continúan prófugos y han tenido protección de estructuras regionales de la Policía en las zonas que ellos se mueven. Luego no tuvimos una investigación que llevara a conocer la actuación de los jefes de la posta de El Manchén, tanto en los momentos previos como posteriores al asesinato de mi hijo y de su amigo Carlo.
Estamos en la lucha y esa lucha no termina.
Me ha cambiado totalmente. Es un giro inexplicable en mi vida, es un dolor permanente, una ausencia a cada instante y de todos los días. Creo que cuando una madre pierde a un hijo, ya uno tiene muy poco que perder.