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Seducidos por el calor caribeño

  • Actualizado: 27 enero 2007 /

Con el afecto de los sampedranos y unas provisiones navideñas, el viaje continúa rumbo a Omoa. La Fortaleza San Fernando de Omoa es la muestra de una época de esplendor cuando las riquezas salían rumbo a España y los ataques piratas eran frecuentes.

Con el afecto de los sampedranos y unas provisiones navideñas, el viaje continúa rumbo a Omoa.

La Fortaleza San Fernando de Omoa es la muestra de una época de esplendor cuando las riquezas salían rumbo a España y los ataques piratas eran frecuentes.

Con el paso del tiempo, se volvió multifacética: fue sede del gobierno local, presidio y más tarde experimentó el olvido. Hoy, convertida en museo, nos permite caminar por sus espacios poblados de historias, balas de cañón y ecos que rebotan por sus enormes y compactas paredes.

La gente de sus costas nos da un indicio del alma garífuna, fundida con la brisa del mar. Desde Tela, pasando por Tornabé, iniciamos un recorrido por el Parque Nacional Jeannette Kawas para llegar a Miami, levantada con paredes y techos de palmas sobre un banco de arena que separa el mar de la Laguna de los Micos.

Seguimos la ruta, ahora escoltada por palmas africanas; poco antes de llegar a La Ceiba nos desviamos por las piñeras en dirección a la sierra del Nombre de Dios, que alberga el Parque Nacional Pico Bonito.

En el transparente río Cangrejal nos embarcamos en un rafting, donde nos proponemos vencer los escollos que surgen a flor de agua.

Desde Sambo Creek nos embarcamos rumbo a Cayos Cochinos. 45 minutos más tarde estábamos en la tierra azul de “Chachabadi” o Chachahuate, uno de los cayos habitados por la etnia garífuna.

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Patricia de Córdova y German fueron acogidos por la comunidad garífuna.

“Bienvenidos” fue la palabra con que nos recibió una mujer; en un abrir y cerrar de ojos estábamos instalados en la casa de Nancy y su familia.

Una tarde de tantas comenzó el concurso de dibujo; los niños y los grandes plasman su patria con crayolas y los dulces premios le dieron fin a una jornada animada por Arcor y Diario LA PRENSA, como parte de nuestra labor social.

Las noches alumbradas con velas acompañan las cenas que se prolongan con eternas confesiones de sueños, charlas y palabras que le dan un sentido único y maravilloso a esta etapa del recorrido por las Américas, dejando en esta porción pequeña grandes amigos que conviven entre la humildad y la riqueza coralina más virgen de Honduras.

Texto y fotos Patricia Fehr/www.amunches.com

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La pequeña Aurora habla por teléfono usando un caracol en el cayo Chachahuate.