Siendo niña, Werde Feride Hasbun se mostraba feliz cuando la llevaban al odontólogo, a diferencia de la mayoría de los chiquillos que sienten pánico con solo saber que les revisarán su dentadura. Le gustaba observar lo que le hacían a sus dientes aquellos hombres de gabacha blanca y pensaba que algún día sería como ellos. Su sueño está en camino de hacerse realidad, pues la muchacha acaba de terminar el tercer año de la carrera de Odontología en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula.
El mérito de esta sampedrana no solamente radica en que es aventajada alumna de la facultad, sino que para sufragar sus estudios trabaja haciendo pupusas para vender con su madre en eventos sociales.
A veces ni tiempo le queda para quitarse su uniforme de estudiante universitaria e ir a cumplir con el compromiso de elaborar las típicas pupusas de chicharrón, quesillo o mixtas, con una rapidez asombrosa.
Cuando la gente se aglomera con su plato vacío frente a la plancha adonde se cocinan las pupusas, ella acelera la labor, dándole forma de tortilla a la masa previamente elaborada y luego rellenándola con el chicharrón molido, el quesillo o con ambos a la vez, según el gusto del cliente. Este es el paso más difícil porque debe cerrarse la masa con los ingredientes adentro, pero con la práctica, Werde Feride ha logrado perfeccionar la técnica. “Todo tiene su maña”, dice.
Pero antes que nada, limpia el comal metálico con un poco de aceite o manteca para evitar que las pupusas se peguen y más bien queden doraditas o como piden los clientes, que tengan carita. Después de unos cinco minutos saca las pupusas rápidamente del comal con una espátula antes de que se quemen, les pone encima un aderezo a base de repollo, cebolla y zanahoria en encurtido y las sirve calientitas.
En esta temporada decembrina es cuando más oportunidades se presentan para vender esos platillos instantáneos por la gran cantidad de eventos festivos que ofrecen empresas, instituciones educativas y, en general, personas que no quieren complicarse cocinando.
A veces tiene dos eventos al mismo tiempo y entonces debe multiplicarse. Afortunadamente también es la temporada de sus vacaciones universitarias, así que le da más tiempo para entregarse de lleno a la actividad familiar que comenzó su madre.
Es completamente distinto a lo que hace como practicante de la carrera de Odontología en la que ya está realizando limpiezas dentales, aplicando fluor e inyectando anestesia en la unidad de Odontología del hospital Leonardo Martínez o en la clínica de la U.
Werde Feride es de las que predican con el ejemplo, pues desde pequeña le dio el cuidado adecuado a su dentadura, la cual ahora es digna de halagos. “Qué bonitos dientes y qué bonita sonrisa”, suelen decirle sus amistades. Ella atribuye el esplendor de su sonrisa a que se ha lavado los dientes desde chiquilla, hasta seis veces al día. “Por un simple chicle que masticara, me iba a lavar la boca”, comenta.
Indica que mucha gente también tiene el hábito de la limpieza dental, pero no usa la técnica del cepillado correcto, por ello se forma fácilmente la llamada placa bacteriana que ocasiona la caries.
De esta manera, la Turca, como le dicen sus compañeros de universidad, ha demostrado que es una experta hablando tanto de muelas y dientes como de pupusas.