Para doña María Celina García, el mejor regalo que jamás haya recibido en una Navidad es sin duda alguna el envío, por avión, desde Estados Unidos, de una nieta a la que no conocía.
La señora esperó dos horas entre la multitud aglomerada frente a la puerta de arribo de pasajeros que llegaban de Houston, para poder abrazar por primera vez a su nieta Walkiria Angelí Leiva, de diez años.
La niña llegó en el vuelo de las 12:30 pm con su tío Hernán Zepeda y otros menores, en vista de que sus padres, con los que vive en Houston, aún no pueden venir a Honduras porque no les han salido sus papeles de residentes.
“La conocía solo por foto y casi no le entendía lo que me decía porque ella no habla muy bien el español”, comentaba doña María Celina mientras esperaba impaciente a la pequeña con un letrero que decía: Te amamos Walkiria.
La niña y sus acompañantes permanecerán solo 12 días en Honduras.
|
“A este todavía le doy pepe”, dijo refiriéndose al pequeño Manuel Esteban de cuatro años al que llevó al aeropuerto para que también conociera a Walkiria.
Eso de adoptar nietos como si fueran hijos suyos lo heredó de su madre, quien en su vejez siempre estuvo rodeada de “hijos postizos que se le iban arrimando poco a poco”, dijo.
Ella es de las mujeres que cuando cocina lo hace en grande aunque en la casa haya poca gente, porque de repente pueden llegar visitas. “Mi mamá también me enseñó a hacer bastante comida y a compartir”, agregó.
Antes de dirigirse al aeropuerto con otros familiares a recibir a la nieta dejó hecha en casa una olla de tamales para celebrar la llegada de la niña, quien pasará con ella solamente Navidad y Año Nuevo.
Walkiria es nieta suya por parte de su hija Rosa del Carmen Leiva, quien emigró hace trece años para Estados Unidos donde conoció a otro hondureño con el que procreó a la pequeña. Se trata de Manuel Esteban Leiva, quien trabaja allá instalando granito en casas y edificios.
Como los padres no pueden venir a Honduras decidieron al menos mandar a la niña, quien tiene nacionalidad norteamericana por haber nacido en el país del norte, con el fin de gratificar a la abuela.
La niña se ganó el viaje por haber salido sobresaliente en la Escuela Stevens Elemntary de Houston adonde cursa el cuarto grado.
A su llegada al aeropuerto sampedrano atiborrado de inmigrantes que en diciembre aprovechan la Ley del hondureño ausente, sonaba música navideña en vivo ejecutada en flauta y marimba de tubos por el músico Nahún Escoto.
La niña corrió a abrazar a la abuela y luego salió con los otros familiares ansiosa de conocer lo que le esperaba fuera del aeropuerto. “Este es un país con muchos árboles y zacate”, le dijo a su tío Hernán Zepeda tal vez por haber visto por la ventanilla del avión el verdor del territorio hondureño.
Tras posar para el fotógrafo de LA PRENSA, el grupo familiar se dividió para abordar dos vehículos que los esperaban. Walkiria se subió alegre con su abuela en una paila para emprender el viaje a la ciudad.